CAMBIAR PARA QUE TODO CAMBIE

jueves, 17 de septiembre de 2009

Los explotados y oprimidos somos la aplastante mayoría

Llegar a nuestro trabajo implica entre una hora y hora y media de viaje, en el mejor de los casos, las condiciones son muy malas, y es común escuchar la frase:”viajamos peor que el ganado”.

Una vez que nos encontramos en nuestro puesto comienza a pesarnos la rutina, la opresión, el todo los días lo mismo; trabajamos sin saber a dónde va el producto que hacemos, muchas veces hacemos parte de una mercancía y ni siquiera sabemos cuál es el producto terminado. No hablemos de los horarios, la variedad de turnos que no permiten adueñarnos de nuestras fechas, no sabemos si quiera un día antes a que hora deberemos responder con nuestra fuerza de trabajo al otro día.

En cada jornada dejamos de 8 a 12 horas de nuestras vidas, sin posibilidad a nada en los establecimientos de producción, distribución o administración. Nuevamente el calvario de la vuelta a casa, para completar entre 13 y 15 hs. alejados de los nuestros, y esto si todo funcionara “normalmente”. Llega la hora de estar en familia de descansar, de tener cierto esparcimiento pero las cuentas de mis horas no cierran. Con suerte tengo 9 horas incluyendo el tiempo para dormir.

¿Qué pasa con mis hijos?, ¿qué pasa con mi descanso, con mi esparcimiento, con mis ganas de progresar estudiando, con mi espíritu para emprender cosas nuevas?
Nada de todo esto está contemplado para los señores del poder, es más, por sus canales de televisión, sus radios, sus medios controlados y en pocas manos, nos pasan programas sugiriendo que nuestra juventud se emborracha, se droga, roba, genera pandillas y otras tantas cosas; pero nada se dice que a esa hora exactamente, como dice la canción, millones de jóvenes están en la producción industrial, están en los cajeros de los supermercados, cargan nafta en los surtidores, estudian y trabajan, están en las rutas distribuyendo productos, chóferes, motoqueros, jóvenes produciendo en el campo, nada de todo esto se dice...

El argentino es el proletario, el asalariado, el estudiante, eso es lo dominante, en manos de esta base se construye y se amasa la fortuna colosal de los señores, dueños y amos no solo de la riqueza generada sino -como vimos anteriormente- de nuestras vidas, de nuestros sentimientos más profundos.

Es cierto que una parte de la población está fuera del sistema y esa parte es subsidiada para generar el colchón de votos que estos señores necesitan para perpetuarse en el poder, pero no nos confundamos, son una parte de la población que, como la mayoría aplastante explotada y oprimida, es víctima y no victimaria del sistema.

Toda esta situación no es justa, no hemos nacido para servir al capital que nos esclaviza, no hemos nacido para que los sueños de progreso nos lo pisoteen cuando nos cierran establecimientos, nos despiden o simplemente nos paguen salarios de hambre o salarios que apenas nos permiten comer para tener energía para el día siguiente, o tener una vivienda digna que nos cueste una vida de permanente insistencia para obtenerla. No es justo, y a esta altura de los acontecimientos, se hace muy difícil convivir con tal presión.

Extraído de "LA COMUNA". Revista Teórica y Política del Partido Revolucionario de los Trabajadores.
Nº 46. Septiembre de 2009. Pág. 6 y 7
*Para obtener la Revista Completa y demás numeros descargar en el archivo que así lo indica está pagina

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