OBREROS TOMAN FÁBRICA EN CHICAGO – EE.UU.

domingo, 11 de enero de 2009

Chicago es una ciudad famosa por varios motivos: como pujante centro industrial
norteamericano, con los “Mártires de Chicago” como saldo de las luchas obreras; también es reconocida por su muchachada de “Chicagoboys” que en los 80 fumigaran el mundo con sus teorías, y últimamente, por ser el epicentro de donde emergió Barack Obama. Ahora se suma a su fama, la acción decidida de muchos trabajadores.

Una de las tantas fábricas que por estos días están cerrando sus puertas en EEUU, dejando miles de desocupados a la deriva, fue ocupada por sus trabajadores para protestar e impedir el cierre de la planta.

La empresa “Republic Windows and Doors” (del rubro Trabajadores Eléctricos de Radio y Ma-quinaria), se negaron a abandonar la planta y comenzaron la ocupación con una sentada, en defensa de sus puestos de trabajo y exigiendo soluciones.

Con un estilo que a los trabajadores argentinos nos resulta conocido, los dueños les dieron el aviso de que iban a bajar la cortina sólo 3 días antes, sin siquiera cumplir con la normativa de 60 días de anticipación o preaviso. “Lo que nos deben es dinero que nos pertenece” afirman los operarios, varios con 8 o más años de antigüedad, y muchos de ellos de origen latino.

Con las fiestas de fin de año encima, se les deben salarios y vacaciones, además de las indemnizaciones correspondientes, lo que arroja una suma de por lo menos un millón y medio de dólares.

Los dueños, siguiendo el ejemplo de Wall Street, los monopolios industriales y financieros, los bancos y sus tecnócratas, ante la debacle te “hacen el muertito” y que te pague lola.
Resulta ser que esta empresa estaba “enganchada” al Bank of America, que les canceló los créditos por la corrida financiera, y entonces decidió cerrar la planta.

Días antes de la toma de la fábrica, los trabajadores hicieron piquetes frente al banco y expresaban; Bank of America: Ustedes obtuvieron un rescate financiero, nosotros una traición”.

Recordemos que ese banco es uno de los monopolios financieros que recientemente recibió parte del mega rescate con dineros públicos. “¿Reciben 25.000 millones de dólares del gobierno y no prestaron unos pocos millones para que los trabajadores conserven sus puestos?” dijo uno de sus operarios.

A raíz de esta movilización y el clima imperante entre los trabajadores, un delegado del partido demócrata organizó una reunión de urgencia entre los burócratas del banco y los gerentes de la empresa, que al final no se presentaron, reafirmando su voluntad de cerrar la planta. Ahí los obreros, se sentaron sobre sus derechos, en el convencimiento de que “la compañía y el Bank of America se están pasando la pelota entre ellos y nosotros estamos en el medio”.

Antes de intentar el portazo final, los dueños habian estado sacando maquinarias y equipos de oficina, huyendo como ratas. Son firmes las sospechas de que estaba todo planificado y acordado y que la compañía pretendería reiniciar actividades en otro lugar.

Con el desabastecimiento de las distintas líneas, los trabajadores se la veían venir. Ahora, con la planta tomada y los libros de la empresa en sus manos, ven que los pedidos de trabajo que la empresa tenía no coinciden con las afirmaciones de “colapso total”. Entonces los trabajadores se preguntan: “¿Dónde fue a parar toda esta producción?”

Como vemos, más allá de las diversidades culturales e históricas particulares, la oligarquía financiera se lame igual en todos lados.
En mayo del 2008 estos mismos trabajadores se movilizaron por una serie de demandas, usando el horario de almuerzo para plantarse ante los jefes, fruto de lo cual obtuvieron conquistas y aumentos.

Ahora, en esta nueva lucha, la firme decisión de los trabajadores despertó simpatías y movilizaciones y de inmediato la fábrica se convirtió en un polo de atracción de solidaridad y encuentro de otros sectores que están pasando por situaciones similares. Varias emisoras locales de TV hicieron entrevistas e informes en vivo, y pronto comenzaron a llegar donaciones de alimentos y dinero, y a planificarse acciones de solidaridad conjuntas.

Hasta fueron visitados por el líder por los derechos civiles Jesse Jackson que llegó a la fábrica tomada y felicitó a sus trabajadores por “tener el coraje de seguir la gran tradición del Dr. King, la tradición de César Chávez, la tradición de Rosa Parks”. Los trabajadores saben que esta sentada es una señal “para que los trabajadores de todo el país que están siendo despedidos se pongan de pie”.

Recordemos que las últimas cifras arrojan despidos por 533 mil puestos de trabajo en noviembre (la cifra mensual más elevada desde 1974), y 2 millones en todo 2008. Y esto sin incluir a los que ya no buscan trabajo ni a los que trabajan menos horas que las que quisieran. A esto hay que sumarle las ejecuciones hipotecarias que son simultáneas a los despedidos que no pueden pagar su cuota.

La preocupación del sistema es que esto no se les salga de sus causes. Jackson agregó: “Este es su trabajo, es su planta; sigan así luchando hasta que se haga justicia, y se hará justicia”, y Obama se vió obligado a mandar su solidaridad formal, con un apoyo políticamente neutro, como lo caracteriza.

Una delegada sindical sintetizó la situación: “Estamos haciendo algo que no habíamos hecho desde la década del 30”. Efectivamente, la ocupación de las fábricas “es una táctica raramente utilizada en EE.UU. desde las luchas sindicales de los años 30”. Algo nuevo asoma bajo el sol gris del imperio.

Para el sistema norteamericano de dominación es sumamente peligroso y preocupante que ejemplos como estos cundan entre la clase obrera, a sabiendas de que también tienen un efecto muy potente hacia el proletariado de otros países.

La clase obrera se mira en el espejo de otras luchas. Estas iniciativas con nueva sangre emanadas del propio centro de poder imperialista fortalece la acción y el espíritu de lucha de los pueblos que se niegan a pagar la crisis de la oligarquía financiera internacional.«

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