¿Nueva Generación? por Vero Cabral

jueves, 31 de diciembre de 2009



                Y justo hoy abro esta columna de improperios , en el último día del año. Y aunque con invites otras veces hechos por Germán (y fueron algunos), no había tiempo. A veces no había inspiración. Qué va, inspiración hay siempre: lo que muchas veces no hay son palabras. Hecho  una “maga” perdida entre “baños de multitud y callejeos”, puedo afirmar, casi siempre “no me sé expresar”. Y me pregunto, quizás, si alguien en este fin de la primera década del nuevo milenio lo sabrá. Tan marcada por los contrastes ideológicos (muchas veces en una misma personalidad) y por la velocidad, está cada vez más difícil saber cómo expresarse. O qué expresar. La risa que se pronuncia en una vitoria magnifica del equipo de fútbol (y el Flamengo es el vencedor del “Campeonato Brasileiro”, para la rápida felicidad de esta que les escribe) se acaba con la destrucción violenta de las canchas por barras horrendamente investidas de su porción animal. Barra contra barra, bicho contra bicho.  Cantidades de vacunas, remedios y medicinas velozmente fabricadas aumentando la media de vida humana en veinte años, mientras armas cada vez más “avanzadas “son fabricadas para destruirla en segundos. “Buenos” países cada vez más discutiendo el futuro de la humanidad, de su falta con la naturaleza. Y cada vez más naturalezas humanas muriéndose de hambre a la falta de buenos países. ¿Y la belleza? Ah… ésta cada vez menos tiene fronteras: Bellezas de África y “bellas africana vendiéndose” (y la propaganda es buena: placer sin límites ni presiones pues como se les arrancan el clítoris uno no se tiene que preocuparse con el maldito punto “G”); en Asia además de la belleza de los zapatos, la maravilla de pagarse lo mínimo a la subsistencia de una familia (claro así contribuyen con la estética “flaca” del mundo); Europa cada vez más brillante se ocupa en pulir sus “ollas” despegando “ilegales” y basura en el mundo (y encontrará en internet sobre los navíos de basura que llegaron de Francia a la costa brasileña, y también por la basura de aviones que se compró del mismo dicho país, el señor Luis Inácio); y el vecino, ese de "al lado", lindo que se muestra desde la pc al mundo - él y sus "niños(as)". Éste vecino que puede ser brasileño, ruso, coreano, chino, argentino…  pero igual no importa: la mayoría parece medio salida de la misma forma, hablando lo mismo. Y si no salís de una forma, o como la forma te exige, podés volver a ella. Te arrancás una costilla, un parpado, lee un poco del Clarín (o de la “Veja” de Brasil), o de“Caras” (creo que esta porquería se vende hasta en la Luna revelando los bastidores de los lunáticos de allá igual que hace con los de acá) y ahí  te ponés en forma. Claro que mirar las vitrinas también hace bien a la forma global (y eso me hace recordar a Huxley cuando dice que “la utopías son realizables” y me pregunto siempre si será eso bueno…): niñas cada vez más cadavéricas por la infelicidad de querer entrar en "la forma" disputan espacio en periódicos con niños cada más cadavéricos porque "la forma" no los acepta. Raro y contrastivo “nuevo” milenio. Pegado y despegado en arenosas (medio borgeanas también) páginas de periódicos e internet. Mucho hablado y poquísimo realmente dicho. Y es en medio a tamaña fugacidad, que vengo pensando en lo que es realmente importante. En lo que está por detrás de lo mucho hablado. En lo no dicho. Y pensar es como accionar ondas de radio: uno reverbera  donde sintoniza. Y acá estoy, dando un basta a lo que no va más, a lo que nuestra tan parca sanidad (síii ella aun existe), siendo coro al que se rehúsa en aceptar. Y para eso nada mejor que el último día, el último momento, de una primera década. Se cierra un ciclo, se salta a otro. ¿Seremos conocidos como la primera generación del nuevo milenio? Quizás. Y quizás (ojalá sea) esta nueva generación sea conocida como la generación que no se bastó en su fugacidad, que piensa que “llega un momento de la vida de uno en que el único deber es luchar fieramente para introducir en la cumbre de cada día, lo máximo de la eternidad”[1], que entiende  que la gente desafina y afina, y que, como dice Galeano, “este mundo sí que tiene arreglo”.  Arreglar no sé si lograremos, pero que nos divertimos un montón intentando, eso sí que es verdad. Con los más sinceros votos de que tu año nuevo (y yo sinceramente espero que sea nuevo) sea lo más lindo y lleno de bastas…










La Vero. (la parte luso brasileña de Basta …)


[1]  João Guimarães rosa, brasileño, autor de “Grande Sertão: Veredas”










Chickenfoot

domingo, 27 de diciembre de 2009


Integrantes:



Sammy Hagar  

Michael Anthony

Joe Satriani

Chad Smith



En épocas de contaminación, nada mejor que reciclar. Eso habrán pensado Sammy Hagar y Michael Anthony (cantante y bajista de Van Halen), para juntarse con Chad Smith (baterista de los Red Hot Chili Peppers) y el ex Deep Purple, Joe Satriani, para formar la nueva superbanda del rock: Chickenfoot.

"Queremos salir sí o sí a los escenarios y escribir historia con la banda", dijo Satriani como para dejar en claro desde el comienzo que el grupo -nacido como un proyecto secreto tras una jam session- va en serio.

Su disco debut ya está en venta en Europa y los Estados Unidos. Con respecto al estilo musical, Satriani aclara que se trata de "viejo rock'n roll": "Los cuatro hemos creado algo nuevo juntos, y decepcionaremos a todos los que esperan un montón de solos de guitarra, batería, esa voz muy aguda y el bombeo del bajo".

Chickenfoot recientemente terminó la grabación de su primer álbum, El Cuál será lanzado el 5 de junio de 2009 en Europa, y el 7 de junio en los Estados Unidos.

Su primera presentación fue en Octubre en un concierto de Sammy Hagar en Las Vegas.

Tenian un listado de tres canciones en el Cual Estaban incluidos los temas Rock and Roll de Led Zeppelin y Dear Mr. Fantasy de Tráfico.

De la Presentación Chad Smith Fue el pegamento que Mantiene unida a la banda - "El material es realmente demoledor, cualquiera que alguna vez estuvo cerca de Chad sabe que tiene una gran personalidad, una gran energía en la batería y en persona es realmente explosivo", dijo Satriani.

Chickenfoot no es el primer intento de Hagar de crear una "superbanda" con Satriani y Anthony, pues los tres lo intentaron ya en 2002 con el grupo Planet Us. Pero entonces vino, entre otras cosas, el reencuentro de Van Halen y los planes quedaron congelados hasta que volvieron a encontrarse para una zapada en Las Vegas hace dos años.

Satriani recuerda: "Todos alrededor preguntaban qué pasaba, si éramos una banda o qué". Entonces los cuatro estaban ocupados con otros proyectos, pero como querían hacer música juntos a cualquier precio, se siguieron reuniendo de forma irregular. "Nos comportábamos como si nos quedara poco tiempo de vida. Todos sabían que los demás iban a marcharse enseguida", dice Satriani.

La banda anuncio una su primera gira mundial, que iniciará en mayo con varios conciertos en Estados Unidos, y Continuará en junio y julio en varios paises de Europa. La gira incluye presentaciones individuales festivales Y también junto con otros artistas.


My Kinda Girl


Los temas son
Avenida Revolución
Jabón con una cuerda
Sexy Little Thing
Oh Yeah
Runnin 'Out
Get It Up
Por el desagüe
My Kinda Girl
Learning To Fall
Izquierda Turnin '
Futuro en el pasado








Oh Yeah (Radio Edit) de bonificación


.
.

Breve Historia del Sifón




Se dice que ya en Imperio Romano existían las aguas carbonatadas, envasadas y transportadas por toda Europa para el consumo de las clases altas. Siglos más tarde, con la Revolución Industrial, la soda comenzó a ser fabricada en escala, también como novedad para los sectores pudientes.


En cambio, en la Argentina el sifón fue rápidamente incorporado por todos los estratos económicos. La diferencia se representaba en el color: los sifones verdes eran consumidos por las clases populares, mientras que las familias de mayor poder adquisitivo optaban por los azules y los rosados.




Los pigmentos azules eran caros y para poder teñir el vidrio de rosa se utilizaba oro. De esta forma, los sifones azules y rosas se convertían en los más exclusivos: de cada 1000 sifones que se vendían 800 eran verdes, 150 eran azules y sólo 50 eran rosas.


En la Argentina, la primera fábrica de soda apareció en 1860. Hasta ese momento, los sifones se importaban de Europa. Debido a la gran demanda, hacia 1900, se comenzaron a fabricar los sifones en nuestro país. Ya para 1930 comenzó el reparto a domicilio: subido a un carro tirado a caballos, apareció la profesión de sodero. La última gran innovación llegó en 1965: el sifón automático Drago,  realizado en acero inoxidable y con la posibilidad de ser recargado a través de tubos de gas.


Hoy en día, en la Argentina, el sifón es un símbolo de tradición y resistencia. Todavía existen más de cinco mil fábricas de sifones y la soda y los soderos se niegan a dejar de existir, a pesar de que las aguas minerales y saborizadas, con grandes presupuestos de publicidad de a poco le horadan el mercado.


Pocho Lepratti

miércoles, 23 de diciembre de 2009

Claudio "Pocho" Lepratti (Concepción del Uruguay, Argentina, 27 de febrero de 1969 - Rosario, Argentina, 19 de diciembre de 2001) fue un militante social rosarino asesinado en medio de la represión llevada a cabo por la policía de la provincia de Santa Fe. Hijo mayor de Orlando Lepratti y Dalis Bel, quienes tuvieron cinco hijos más. Cursó la escuela primaria y secundaria en Concepción del Uruguay.


Entre 1983 y 1985 estudió Derecho en la UNL como alumno libre.

En 1986 ingresó como seminarista en el Instituto Salesiano de la localidad de Funes, unos 15 km al oeste de Rosario, provincia de Santa Fe). En 1991 abandonó el seminario, fijando su domicilio primero en el barrio Empalme Graneros y un año después en el humilde barrio Ludueña, acercándose a colaborar en la tarea de contención social de los adolescentes del barrio, donde comenzó a participar activamente de las organizaciones de base, que durante más de veinte años promovió el padre Edgardo Montaldo. Al tiempo que militaba gremialmente en la Cocina Centralizada, donde fue delegado y participó de la histórica carpa como uno de los tantos despedidos por su actividad sindical.

Participó y promovió la formación en más de veinte grupos de niños y jóvenes de las barriadas populares de Rosario. Siendo la primera agrupación La Vagancia.

Participó en instancias de coordinación con otros grupos como la revista El Ángel de Lata, el movimiento Chicos del Pueblo, y con todas las comunidades eclesiales de base, como Poryajhú ("pobres" en guaraní), y el grupo Desde el Pie.

Además participaba activamente como delegado de base de la ATE (Asociación Trabajadores del Estado) de Rosario y como congresal de la CTA-Rosario.


Asesinato
El 19 de diciembre de 2001, en medio de la crisis que terminaría con la caída del presidente Fernando De la Rúa, varios policías que llegaron desde la ciudad de Arroyo Seco, a 30 km al sur de Rosario comenzaron a disparar en el fondo de la escuela. Lepratti subió al techo para defender a los menores que en su interior se encontraban comiendo. Se asomó gritando: “¡Hijos de puta, no tiren que hay pibes comiendo!”. El uniformado Esteban Velásquez hizo fuego con su escopeta Itaka, con balas de plomo acertándole una de ellas en la tráquea, lo que motivó su procesamiento y posterior condena a 14 años de prisión por el juez de Sentencia Nº3, Ernesto Genesio, con el cargo de homicidio agravado por el uso de arma. Además tanto Velásquez como la provincia de Santa Fe fueron condenados a resarcir económicamente a los familiares de la víctima por los daños y perjuicios causados.

La Dirección de Asuntos Internos de la policía provincial había reconocido en un informe que “el asesinato del militante social Lepratti ocurrió fuera de la zona de saqueos y en los fondos de una escuela”, y que “no se justifica haber efectuado los disparos reconocidos, aun en carácter intimidatorio”.
Los policías acusados argumentaron que habían abierto fuego porque habían sido atacados a balazos por vecinos apostados en el techo de la escuela. El vehículo policial tenía efectivamente marcas de balazos, pero todos realizados a nivel del suelo.

Aparentemente una testigo recogió un cartucho naranja, que corresponde a la munición de plomo y lo entregó a los investigadores policiales, pero éstos le entregaron a la Justicia un cartucho verde, que corresponde a las municiones de goma. Desde ese momento Lepratti se convirtió en un mártir y símbolo de la resistencia de los sectores más desposeídos de la provincia de Santa Fe.
El trabajo nos hace ascender como personas, mientras que la falta de trabajo nos incita a la violencia, a la droga, a la delincuencia.

Otros homenajes

Hoy existen más de cincuenta temas musicales dedicados a su trabajo de hormiga y cientos de escritos y expresiones artísticas para honrar su memoria.
También cuenta con un monumento en su honor en la ciudad de Concepción del Uruguay, gracias a un concurso de ideas donde el ganador fue construido en la intersección del boulevard Montoneras y la calle Pocho Lepratti, en diciembre de 2006.

El grupo La Vagancia (que él coordinaba) elabora desde 2002 una publicación barrial llamada El ángel de lata (en referencia a las villas miserias, con techos y paredes de lata). En su primera editorial proclamaban ser “los que denunciamos la explotación de los padres y de los chicos, los que acusamos a los señores dueños de todo, hasta de la tierra que en un tiempo fue de todos”.


Confusión de bicicletas En Rosario se confunden los grafitis del Pochormiga con los 350 grafitos de bicicletas negras grabadas en las paredes de la ciudad entre marzo de 2001 y noviembre de 2002 por el artista plástico Fernando Traverso (1951). Ese equívoco es común en Rosario, donde la mayoría de los habitantes creen que esas bicicletas representan a Pocho Lepratti. Traverso salió del anonimato el 19 de diciembre de 2003, cuando el Museo Municipal de Bellas Artes Juan B. Castagnino lo premió por esta obra. El artista dijo, refiriéndose a esta obra: “Una bicicleta vacía refleja la imagen de un cuerpo ausente”. Hay 350 bicicletas porque ese fue el número aproximado de estudiantes de la Universidad de Rosario detenidos y desaparecidos (secuestrados, torturados y asesinados) en Rosario durante el autodenominado Proceso de Reorganización Nacional (1976-1983)

Traverso dijo que le daba igual que identifiquen a Pocho con las bicicletas, pero que él quería que se supiera el porqué de cada bicicleta pintada.





Rodolfo Walsh





Rionegrino, nacido el 9 de enero de 1927, en Lamarque, (el cual al momento de nacer y hasta 1942, llevó el nombre de “Pueblo Nuevo de la Colonia de Choele Choel”). Hijo de Miguel Esteban Walsh y Dora Gil, ambos de ascendencia irlandesa, fue y es para muchos el mejor ejemplo de intelectual comprometido y ético que ha dado la Argentina en los últimos 50 años, un modelo a imitar no sólo por su compromiso con la verdad, sino también por su valentía como periodista, investigador, escritor, crítico y militante revolucionario.



A los 17 años comenzó a trabajar en la Editorial Hachette como traductor y corrector de pruebas, y a los 20, comenzó a publicar sus primeros textos periodísticos. Más adelante, en 1950, conoció a Elina Tejerina en la Facultad de Filosofía y Letras y ella fue la madre de sus dos únicas hijas. La Plata fue el lugar que eligieron para vivir y criar a María Victoria y Patricia. En 1953 publicó su primer libro: “Variaciones en rojo”.Viajó a través de su profesión por el mundo y realizó proyectos periodísticos de gran importancia en la América latina de los 60-70. Su obra recorre especialmente el género policial, periodístico y testimonial, con admirables obras como Operación Masacre y ¿Quién mató a Rosendo? Walsh fue una mezcla increíble de periodista comprometido y excelente narrador.



En 1970, militó en el Peronismo de Base, hasta que en 1973 decide unirse a la organización político-militar Montoneros. En estos años, enseñó periodismo en villas miseria y editó el “Semanario Villero”. En Montoneros ingresa con el grado de Oficial 2° y el alias de Esteban. Crea un sector del departamento de informaciones del cual será responsable. También integra el equipo que funda el diario “Noticias”, órgano de prensa que presentaba los puntos de vista de su organización del cual se convierte en redactor. Walsh no sólo hacía periodismo, aunque algunos busquen acotarlo a esa etiqueta ocultando su rol de militante popular. Era también un destacado escritor que supo mezclar la ficción aplicándola a la realidad. En el mundo de las academias de periodismo se enseñaba la obra de Truman Capote, «A sangre fría» (1966) como la primer novela periodística, inaugurando un género que sería explotado de ahí en más.





Pero esto fue producto de entregarle el premio a un escritor de un país central. Sin quitarle méritos a Capote, en los últimos años y en el mundo entero, «Operación Masacre» es aceptada como la primer obra en su género y Walsh como fundador del mismo, y camino que seguiría transitando en trabajos como «¿Quién mató a Rosendo?» o «El caso Satanowsky».En Cuba fundó la agencia Prensa Latina junto con su colega y compatriota Jorge Mascetti. Había decidido que no sería nunca más un simple observador privilegiado del mundo, sino que quería formar parte activamente de él: como jefe de Servicios Especiales en el Departamento de Informaciones de Prensa Latina, usó sus conocimientos de criptógrafo aficionado para descubrir, a través de unos cables comerciales, la invasión a Bahía de Cochinos, instrumentada por la CIA. El 25 de marzo de 1977 un pelotón especializado emboscó a Rodolfo Walsh en calles de Buenos Aires con el objetivo de aprehenderlo vivo.

Walsh, militante revolucionario, se resistió, hirió y fue herido a su vez de muerte. Su cuerpo nunca apareció. El día anterior había escrito lo que sería su última palabra pública: la Carta Abierta a la Junta Militar.



OPERACIÓN MASACRE  (escuchar en el reproductor)




Capítulo 23: La matanza  

...Ha llegado el momento. Lo señala un diálogo breve, impresionante.
–¿Qué nos van a hacer? –pregunta uno.
–¡Camine para adelante! –le responden.
–¡Nosotros somos inocentes! –gritan varios.
–No tengan miedo –les contestan–. No les vamos a hacer nada. ¡NO LES VAMOS A HACER NADA!
Los vigilantes los arrean hacia el basural como a un rebaño aterrorizado. La camioneta se detiene, alumbrándolos con los faros. Los prisioneros parecen flotar en un lago vivísimo de luz. Rodríguez Moreno baja, pistola en mano.
A partir de ese instante el relato se fragmenta, estalla en doce o trece nódulos de pánico.
–Disparemos, Carranza –dice Gavino–. Yo creo que nos matan. Carranza sabe que es cierto. Pero una remotísima esperanza de estar equivocado lo mantiene caminando.
–Quedémonos... –murmura–. Si disparamos, tiran seguro. Giunta camina a los tumbos, mirando hacia atrás, un brazo a la altura de la frente para protegerse del destello que lo encandila.
Livraga se va abriendo hacia la izquierda, sigilosamente. Paso a paso. Viste de negro. De pronto, lo que parece un milagro: los reflectores dejan de molestarlo. Ha salido del campo luminoso. Está solo y casi invisible en la obscuridad. Diez metros más adelante se adivina una zanja. Si puede llegar... La tricota de Brión brilla, casi incandescente de blanca.
En el carro de asalto Troxler está sentado con las manos apoyadas en las rodillas y el cuerpo echado hacia adelante.
Mira de soslayo a los dos vigilantes que custodian la puerta más cercana. Va a saltar...
Frente a él Benavídez tiene en vista la otra puerta.
Carlitos, azorado, sólo atina a musitar:
–Pero, cómo... ¿Así nos matan?
Abajo Vicente Rodríguez camina pesadamente por el terreno accidentado y desconocido. Livraga está a cinco metros de la zanja. Don Horacio, que fue el primero en bajar, también ha logrado abrirse un poco en la dirección opuesta.
–¡Alto! –ordena una voz.
Algunos se paran. Otros avanzan todavía unos pasos. Los vigilantes, en cambio, empiezan a retroceder, tomando distancia, y llevan la mano al cerrojo de los máuseres.
Livraga no mira hacia atrás, pero oye el golpe de la manivela.
Ya no hay tiempo para llegar a la zanja. Va a tirarse al suelo.
–¡De frente y codo con codo! –grita Rodríguez Moreno. Carranza se da vuelta, con el rostro desencajado. Se pone de rodillas frente al pelotón.
–Por mis hijos... –solloza–. Por mis hi...
Un vómito violento le corta la súplica.
En el camión Troxler ha tendido la flecha de su cuerpo. Casi toca las rodillas con la mandíbula.
–¡Ahora! –aulla y salta hacia los dos vigilantes.
Con una mano aferra cada fusil. Y ahora son ellos los que temen, los que imploran:
–¡Las armas no, señor! ¡Las armas no!







Them Crooked Vultures

sábado, 19 de diciembre de 2009
Them Crooked Vultures es una banda de hard rock formada por Josh Homme (Kyuss,Queens of the Stone Age), Dave Grohl (Foo Fighters, Nirvana) y John Paul Jones (Led Zeppelin).

Las primeras noticias sobre la colaboración de los tres músicos responden al año 2005, cuando Dave Grohl declaró en una entrevista a la revista Mojo: "El siguiente proyecto que estoy tratando de poner en marcha me incluye a mi tocando la bateria, a Josh Homme en la guitarra y a John Paul Jones tocando el bajo. Ese es el siguiente album. Eso no apestara".

En julio de 2009, la mujer de Homme, y cabeza de la banda Spinerette, Brody Dalle comentó: "No tengo libertad para hablar de ello... pero creo que el proyecto es increible. Se siente y suena como nada que hayas escuchado antes."

A finales de julio fue revelado el nombre del grupo en un entrevista en la radio Power 97 con Jesse "The Devil" Hughes, compañero de Homme en Eagles of Death Metal, a la pregunta de si Josh Homme acompañaria al grupo en la actual gira este contestó: "No, él está ocupado con Them Crooked Vultures, ese supergrupo con Dave Grohl y John Paul Jones."

A principios de agosto se puso en marcha la página oficial del grupo desde donde se podia acceder a su página en Facebook, Twitter y MySpace.  El 4 de agosto se envió un correo a todos los que se habian apuntado al correo de la página web anunciando el primer concierto del grupo, el 9 de agosto en Metro, Chicago.

El 6 de agosto una serie de videos de promoción conteniendo unos 40 segundos de música fueron colgados en Youtube anunciando la salida del disco para el 23 de octubre de 2009 y el título de este "Never Deserved the Future", junto con unas imagenes filtradas de la portada del disco. A pesar de la repercusión que tuvo la noticia entre los fans y los medios, incluso Rolling Stone público la noticia y el video en su página web oficial, se descubrio que eran falsos y habian sido creados por unos asiduos al foro oficial de Rekords Rekords, discográfica perteneciente a Josh Homme.

Finalmente el álbum se tituló como el grupo, Them Crooked Vultures y salio a la venta el 16 de noviembre de 2009.




Tristemente célebres

Esta banda lanzó su primer material discográfico titulado homonimamente "Tristemente Célebres" en noviembre de 2004.

El material fue registrado en estudios El Pie, bajo la producción artística de Adrián Taverna y Guillermo Mandrafina como ingeniero de sonido. Como invitados, participaron Ricardo Mollo en "Al descenso" y los vientos de La Missisippi en "Perdimos".

Con la producción artística de Ricardo Mollo, en 2009 editaron "Anestesia general".


El nuevo material fue grabado y mezclado en los Estudios Galápagos, con la producción general de la banda y el líder de Divididos, quien ofició de padrino del disco.

Como su fuerte son las presentaciones en vivo, el grupo se hizo muy conocido por los shows que dieron en los festivales Cosquín Rock, Monsters of Rock y Pepsi Music.

En estas oportunidades, la banda se dio el lujo de compartir escenario con nombres de la talla de Judas Priest, Whitesnake, Iggy Pop and The Stoogies y Marylin Manson, además de ser teloneros de Motorhead en el show que brindó en el Luna Park.

Eduardo De la Puente: guitarra eléctrica y guitarra acústica
Germán Wintter: bajo y bajo fretless
Jorge "Patón" Cimino: batería y percusión
Leonardo D'Amico: voces

Ex integrantes
Iván Caballero: guitarras
Maximiliano Barrera: guitarra eléctrica y guitarra acústica

LEON GIECO Y D-MENTE




El santafesino les encuentra nuevos bríos a “Pensar en nada”, “Sólo le pido a Dios”, “El ángel de la bicicleta” y “En el país de la libertad”, entre otros temas, junto a la banda hard D-Mente, que se encargó de las adaptaciones.


El cruce entre León Gieco y D-Mente no podía ser otra cosa que el promedio entre clasicismo y modernidad, el cocido balance entre la crudeza de la historia y la crudeza del contexto musical. Un león d-mente, el flamante disco del santafesino y la (ya no tan) nueva banda del ex A.N.I.M.A.L Andrés Giménez, presenta en once canciones de Gieco, la apropiada “El fantasma de Canterville” (de Charly García) y el “Canto en la rama” de Leda Valladares, el recorrido que traza el poder latino, circulando como sangre hirviente por las venas abiertas de esa América latina profunda a la que necesariamente hay que seguir cantándole.


De ese modo lo vio León. O ese sentido, al menos, reconstruye la selección, que va de la historia reciente (de su discografía y de la Argentina) de “Yo soy Juan” o “El ángel de la bicicleta” al Gieco más hímnico, el de “En el país de la libertad”, “Sólo le pido a Dios” y “De igual a igual”. Porque, por supuesto, no se trata de la primera vez que muchos de estos temas (también están “Pensar en nada”, “La mamá de Jimmy”, “La memoria”, “Bandidos rurales”, “Hombres de hierro” e “Idolo de los quemados”) han sido revisitados, por el propio León o por otros artistas. Pero el pulso nü metálico de los D-Mente logra teñirlo de un novedoso brillo acerado.


El proyecto compartido empezó a gestarse en todas las invitaciones a escenarios cruzadas entre León Gieco y D-Mente, como la contundente del último Cosquín Rock, ocurrida a fines de febrero. Nueve meses después, la obra acaba de llegar a las bateas para incluir lo rural en lo urbano y el folklore en lo valvular. En ocasiones, el resultado es un upgrade de potencia a clásicos como “Pensar en nada” o “La memoria”. Pero en donde Un león d-mente efectivamente se convierte en disco de versiones es en la acelerada “De igual a igual”, en el groovero cover de Sui Generis, en la hipnóticamente épica “En el país de la libertad” y en “El ángel de la bicicleta”, presentada en una oscuridad simplemente emocionante.

Arbolito

domingo, 13 de diciembre de 2009
Agustín Ronconi: voz, flauta traversa, quena, charango, violín, guitarra
Andrés Fariña: bajo y coros
Diego Fariza: batería y bombo legüero
Ezequiel Jusid: voz, guitarra acústica, guitarra eléctrica
Pedro Borgobello: clarinete, quena, coros

Ex integrantes
Sebastián Demenstri: percusión y accesorios



La historia de la banda
Arbolito es una banda dedicada a la fusión del rock con ritmos folklóricos argentinos, como la zamba y la chacarera y compuesta por egresados de la Escuela de Música Popular de Avellaneda. Su nombre es elegido en honor al indio ranquel que -según cuenta el historiador Osvaldo Bayer en su libro "Rebeldía y esperanza" degolla al Coronel Rauch en venganza por el genocidio cometido contra los indios de su tribu.

En 1997 y formados por Ezequiel Jusid (voz, guitarra acústica y guitarra eléctrica) y Agustín Ronconi (voz, flauta traversa, quena, charango, violín y guitarra) crean Arbolito. En 1998 se integran Diego Fariza (batería y bombo leguero), Andrés Fariña (bajo eléctrico y coros), Pedro Borgobello (clarinete, quena y coros) y Sebastián "Chino" Demestri (percusión y accesorios).

A fines de ese año, editan su primer demo en casette, titulado "Folklore", y emprenden una gira en camioneta por distintas localidades de la ciudad de Buenos Aires y del conurbano, y luego por ciudades del interior bonaerense como Mar del Plata, Necochea, Villa Gessel, Tandil, Azul, entre otras. Durante 1999 y 2000 realizan presentaciones en vivo en Uruguay.

Su primer disco, "La Mala Reputación", de edición independiente, sale en junio de 2000, e incluye la participación de Jorge Pinchevsky como violinista invitado.


En 2002 lanzan su segunda placa, "La Arveja Esperanza", en el que combinan estilos como chacarera, reagge, huayno y candombe, sobre una base rockera.


Su tercer disco es "Mientras La Chata Nos Lleve". Fue grabado en vivo, y es un compilado de las mejores canciones de Arbolito. El título es un homenaje al vehículo que compraron en 1999 para realizar la primera gira de la banda. Incluye una versión del tema inédito de Víctor Jara llamado "Caminando" y la canción "Huayno del desocupado", que está basada en un poema de Juan Gelman.


El contraste de sus letras contestatarias con la alegría contagiosa de su ecléctica música, son pilares de una propuesta que maduran en 2007 cuando editan el álbum "Cuando Salga El Sol", primer disco editado por un sello discográfico multinacional (Sony/BMG), producido Dani Buira (ex Piojos) y que cuenta con Liliana Herrero y Peteco Carabajal como invitados.

Arbolito vuelve al ruedo con "Despertándonos", su segundo disco editado por una multinacional y producido por Dani Buira y el sexto en más de diez años de carrera.

 

Sabido es que la banda se destaca por la fusión de ritmos folklóricos latinoamericanos con la base rockera y en este disco nuevamente reafirman esa búsqueda de la mano de Dani Buira en la producción y como invitado permanente en las 13 canciones junto a la inconfundible voz de Verónica Condomí.

Otros invitados destacados que participan en "Despertándonos" son “Chizo” Nápoli de La Renga que canta en "Europa" y León Gieco que pone su voz en "Un cielo mucho más claro", dedicada a los obreros de la fábrica Zanón. Además, Tito Fargo toca la guitarra eléctrica en "Mala Leche" y "Locutar".

Tras el buen camino que habían empezado a transitar con "Cuando Salga el Sol", uno esperaba algo más del próximo álbum de Arbolito, pero "Despertándonos" no se aparta del camino recorrido anteriormente.

Contiene letras que reafirman el contenido ideológico de la banda pero sin demasiado vuelo poético y Ezequiel Jusid cuando se encarga de la voz principal sigue mostrando algunas falencias interpretativas.

Para destacar del disco: los juegos de voces, especialmente cuando aparece Verónica Condomí, las apariciones de los vientos de Pedro Borgobello y la gran variedad de climas y estilos musicales que aporta la banda.

Sitio Oficial: http//:www.arbolito.com.ar

Eduardo Galeano



Eduardo Germán María Hughes Galeano (Montevideo, 3 de septiembre de 1940), conocido como Eduardo Galeano, es un periodista y escritor uruguayo, una de las personalidades más destacadas de la literatura latinoamericana.

Sus libros han sido traducidos a varios idiomas. Sus obras más conocidas son Memoria del fuego (1986) y Las venas abiertas de América Latina (1971), que han sido traducidos a veinte idiomas. Sus trabajos trascienden géneros ortodoxos, combinando documental, ficción, periodismo, análisis político e historia. Galeano niega ser un historiador: "Soy un escritor que quisiera contribuir al rescate de la memoria secuestrada de toda América, pero sobre todo de América Latina, tierra despreciada y entraña.

Galeano nació en Montevideo, Uruguay, en el seno de una familia descendiente de europeos, de clase media y católica. En su juventud trabajó como obrero de fábrica, pintor, mensajero, mecanógrafo, entre otros oficios. A los 14 años vendió su primer caricatura política a un semanario "El Sol" del Partido Socialista. Comenzó su carrera de periodista a inicios de los 60s como editor de "Marcha", un semanario influyente que tuvo como colaboradores a Mario Vargas Llosa, Mario Benedetti, Manuel Maldonado, Denis y Roberto Fernández Retamar, entre otros. Editó durante dos años el diario "Época".

En el golpe de estado militar de 1973, Galeano fue encarcelado y obligado a dejar Uruguay. Su libro Venas abiertas de América Latina fue censurado por los gobierno derechistas militares de Uruguay, Argentina y Chile. Se fue a vivir a Argentina donde fundó el magazine cultural "Crisis". En 1976, se casa por tercera vez, al tiempo que es añadido a la lista de los condenados del escuadrón de la muerte de Videla, quien tomaba poder ese año. Vuela a España, donde escribe su famosa trilogía: Memoria del fuego, en 1984.

A inicios de 1985 Galeano retorna a Montevideo. En 2004, Galeano apoya la victoria de la Alianza Frente Amplia y Tabaré Vázquez. Escribe un artículo en el que menciona que la gente votó finalmente utizando el sentido común. En 2005, Galeano, junto a intelectuales de izquierda como Tariq Ali y Adolfo Pérez Esquivel se unen al comité consultivo de la reciente cadena de televisión latinoamericana TeleSUR.

El febrero de 2007, Galeano supera una operación para el tratamiento del cancer de pulmón. En Noviembre de 2008, Galeano dice sobre la victoria de Obama "La Casa Blanca será la casa de Obama pronto, pero esa Casa Blanca fue construida por esclavos negros. Y me gustaría y espero que el nunca lo olvide". En abril de 2009, el presidente venezolano Hugo Chávez entrega una copia de "Venas Abiertas de América Latina al presidente estadounidense Barack Obama" durante la 5ta Cumbre de las Américas, celebrada en Puerto España, Trinidad y Tobago.

FESTIVAL POR LOS DERECHOS HUMANOS

sábado, 5 de diciembre de 2009


El próximo sábado 12 de diciembre se realizará un Festival Artístico por los Derechos Humanos. El mismo tendrá lugar en Plaza 25 de Mayo, desde las 19,30 hs.

Dicho festival tiene como objetivo conmemorar un nuevo aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos (10 de diciembre de 1948), y hacer visibles distintas temáticas que hacen a la vigencia o no de los derechos fundamentales en nuestra región, desde la perspectiva de organismos del Estado y organizaciones no gubernamentales que trabajan en la promoción de dichas problemáticas.

En el festival, además de entrega de material informativo, folletería y exposición de medios gráficos locales, habrá intervenciones de organizaciones que se referirán a temas como: discriminación, género, diversidad sexual, violencia doméstica, abusos policiales, estado de los juicios por delitos de lesa humanidad en la región, educación, salud, niñez y adolescencia, discapacidad, tenencia de tierra, acceso al agua, desmontes, agrotóxicos, soberanía alimentaria, derecho de los trabajadores/as, problemática aborigen y derecho a la información.

Desde la perspectiva del arte, además de exposición de obras realizadas por artistas locales y por jóvenes de la ciudad y de artistas trabajando en vivo, habrá música de variados géneros: DTI – Despertando Talentos Internos, La Rocka, Sebastián Molina y Germán Bustamante, Grupo Cauces, Franco Prado, Luisina Mathieu, CEIBO, La Glucosa, entre otros.

Organizan:
-    Instituto de Cultura Popular (INCUPO)
-    Cátedra Abierta sobre Derechos Humanos (ISP Nº 4)
-    Equipo de Tutores Institucionales (ISP Nº 4)
-    Centro de Estudiantes del ISP Nº 4
-    Liga Argentina por los Derechos del Hombre
-    Juventud de la CTA
-    El Mordisco Teatro
-    Periódico Edición 4
Adhieren:
-    Area Joven – Secretaría de Gobierno – Municipalidad de Reconquista
-    Asociación Norte Amplio por los Derechos Humanos
-    Asociación del Magisterio de la provincia de Santa Fe (AMSAFE – CD Provincial)
-    Inadi – Zona Norte

*enviado por Matias

Inventos Curiosos:

viernes, 4 de diciembre de 2009

Ahora con esto de la crisis, todos tenemos que hacer algunos esfuerzos a la hora de ahorrar algo de dinero para poder llegar a fin de mes. Y no os diré que os traigo la solución definitiva para todos vuestros problemas económicos, sino una ayudita.


Ayudita en forma de ahorro de tinta que todos sabemos que es uno de los líquidos más caros habidos y por haber. Aunque os parezca extraño el ahorro de tinta consiste en utilizar una fuente de texto especial (Ecofont), si si, sólamente utilizandola en nuestros escritos, informes y demás, conseguiremos ahorrar hasta un 20% de tinta.


El truco, en esta imágen lo tenéis, la fuente esta rellena de circulos blancos que en los tamaños de fuentes habituales no es perceptible al ojo humano, pero sin embargo, consigue que no gastemos tanta tinta a la hora de hacer nuestras impresiones habituales.

para descargar la fuente entra aquí:

www.ecofont.eu/descarga_es.html

LA "VERDAD" NO SIEMPRE SE HACE TAPA…

martes, 3 de noviembre de 2009
¿Clarín te mostró esta foto alguna vez?


El genocida Videla y Ernestina Herrera de Noble (dueña de Clarín) en ocasión de la entrega de Papel Prensa a un precio más que absurdo


¿Clarín te contó…

-que esa foto fue tomada en la entrega que el genocida hizo a la señora de la foto y a La Nación y La Razón de una de las plantas nacionales de fabricación de papel para diarios más importantes a un precio irrisorio, luego de la sospechosa muerte de su principal accionista y del secuestro de su familia, lo que le permitió a estos medios comenzar a construir su monopolio?
Eso sí, a cambio de fidelidad y silencio…


-que, además de Papel Prensa, Videla le entregó a la Sra. de Noble dos niños apropiados de padres secuestrados y desaparecidos, con los que ella se quedó ilegalmente y que fue detenida en 2002 por esta causa que la justicia sigue investigando y que, llamativamente, no es tapa de Clarín aunque es verdad?

-que a Luis Landriscina le levantaron un programa en Canal Rural (propiedad de Clarín) porque en él iba a denunciar el desastre ecológico que un negociado de Aranda (vicepresidente de Clarín y dueño del principal arrozal del país) va a causar en Ayuí Grande, Corrientes?

- que ese negocio inescrupuloso involucra a personajes como Soros y el genocida Kissinger?

-que Kissinger, amigo de Clarín, fue quien presionó a Menem en los noventa para que modificara la ley de radiodifusión de modo de permitir el ingreso de los grandes diarios a la esfera audiovisual, ya que para controlar el pensamiento popular se necesitaban manos amigas y confiables?

-que muchas autoridades de Clarín son propietarias de grandes extensiones de tierra en el campo argentino (Buenos Aires, Santa Fé, Corrientes, etc.) y que, por ese motivo, apoyaron tan fervientemente la oposición a la resolución 125 el año pasado?    
¿Cuál es la democracia de la que nos habla Clarín?


¿Cuál es la democracia de la que nos habla Clarín?
"La propaganda es a la democracia, lo que la cachiporra es a los estados totalitarios".
                                                                                                      Noam Chomsky

*Enviado por Maria Laura

Mitos de la Posmodernidad

sábado, 17 de octubre de 2009
La era posmoderna, pese a asistir a la decadencia de las certezas y cuestionar los  sistemas de creencias de la modernidad –razón, progreso, revolución-, se ha convertido en una etapa pródiga en la generación  de  mitos.  Reciclados  o  reinventados, aunque lejos de desempeñar el papel central que tenían en las sociedades tradicionales, y despojados  de  su  halo  sagrado,  los  mitos  posmodernos aparecen como verdades verosímiles y absolutas, fruto de la supremacía de los medios de comunicación.

En la posmodernidad, los mitos aparecen como ideas articuladas en forma de verdades absolutas e incuestionables. Si en las sociedades  primitivas  eran  modelos ejemplares  y  universales  acerca  de historias  sagradas  cuyos  actos  eran imitados por los hombres, con la modernidad los mitos han extinguido esa aureola sagrada, aunque no ha desa- parecido, pues su esencia es conservada dentro del inconsciente colectivo de la humanidad. Más aún, la era posmoderna, caracterizada por un furor desmitificante, es paradójicamente pródiga en mitos: pese a la caída de los  grandes  relatos  y  utopías,  se  renuevan los mitos de la temporalidad –la eterna juventud, el eterno retorno, el mito de la aceleración en pos de vencer al tiempo- y aparecen nuevos metarrelatos  asociados  a  la  cultura tecnológica: el del hombre y su rechazo del cuerpo en pos de habitar el espacio  virtual,  el  de  la  metamorfosis maquínica en la búsqueda de la in- mortalidad, el del hombre como herramienta de la tecnología. Los mitos posmodernos de la globalización, del fin de las ideologías, del progreso in- definido de la sociedad de la información y de la libertad en un mundo de control social aparecen, en fin, como metarrelatos que sustentan al pensamiento hegemónico, único, imperan- te en el nuevo orden mundial.

En las sociedades primitivas, los mitos representaban el fundamento de la vida social y de la cultura, y constituían un modelo ejemplar de comportamiento  humano.  En  aquel  tiempo primordial, referían historias sagradas cuyos  actos  eran  imitados  por  los hombres. Estas historias, conservadas en imágenes dentro del inconsciente colectivo de la humanidad, han sido sin duda la puerta de acceso a los aspectos más profundos y complejos del espíritu  humano:  sus  temores,  sus miedos,  sus  fantasías  y  sus  esperanzas.

A su vez, los personajes míticos en las sociedades arcaicas eran seres sobrenaturales,  investidos  de  un  aura primordial que los transformaba en arquetipos. Gilgamesh, el héroe persa, aterrorizado por la muerte, recurrió a la búsqueda de la planta de la inmortalidad para intentar liberarse del des- tino  irreversible  del  hombre.  Ulises realizó el clásico periplo del héroe, su viaje iniciático y su retorno finalístico, impulsado por el terror a los misterios infranqueables del mar. Fue el temor a lo sagrado lo que motivó el viaje de Perceval a las tierras yermas del Rey Pescador  en  busca  de  un  encuentro revelador ( Del Johnny .2000) (Eliade Mircea eliado.1961)

Según  Mircea,  el  mito  no  refería una historia particular, privativa,  personal.  Sólo  podía  constituirse  como tal en la medida en que revelaba la existencia y la actividad de los seres sobrehumanos comportándose de una manera ejemplar. En efecto, la ejemplaridad  y  la  universalidad  han  sido las  dimensiones  constitutivas  de  los mitos.

En las sociedades modernas, desacralizadas y laicizadas, los mitos han ido extinguiendo esa aureola sagrada. Reformulados,  actualizados,  templa- dos al calor de una nueva era, los mitos  sobrevivieron  en  la  modernidad, aunque lejos de desempeñar el papel central que tenían en las sociedades tradicionales.
Comparados  con  éstas,  el  mundo moderno pareció desprovisto de mitos:  “Laicizados,  degradados,  camuflados, los mitos y las imágenes míticas se reencuentran por todas partes: sólo es cuestión de reconocerlos –dice Mircea Eliade 1961 - (...) Es evidente que ciertas fiestas -profanas en apariencia-  del  mundo  moderno,  han conservado su estructura y su función míticas: los júbilos del Año Nuevo, o las fiestas que siguen al nacimiento de un niño, descifran la nostalgia de la renovatio,  la  necesidad  de  un  recomienzo absoluto, la esperanza de que el mundo se renueva. Cualquiera sea la distancia que exista entre esos júbilos profanos y su arquetipo mítico –la repetición  periódica  de  la  Creación, el mito del Eterno Retorno- no es menos evidente que el hombre moderno ha  experimentado  la  necesidad  de reactualizar periódicamente tales escenarios, por desacralizados que hayan sido”.

Si en las sociedades arcaicas el mito era la única revelación válida de la realidad, a lo largo de la modernidad significó todo cuanto se oponía a ella. Si se tiene en cuenta que en la experiencia  individual,  el  mito  incide  en los sueños y las fantasías del hombre y en las zonas oscuras de la psiquis, se estima que no desaparece jamás de la actualidad  psíquica:  cambia  de  aspecto  y  disimula  sus  funciones.  He aquí el camouflage de los mitos, tanto en el nivel individual como en el social. Por lo tanto, tal cual lo manifestó el filósofo italiano Giambattista Vico, es un error suponer que la civilización comienza cuando se desecha el mito. La vida humana, la sociedad y la civilización  siempre  necesitarán  de  mi- tos, aunque se trate –como en el caso de la modernidad- de mitos como los de  la  ciencia  y  el  progreso  (Polaco, Moris 2003) .

Asistimos  hoy,  en  la  posmodernidad, a una aparente contradicción: en una época caracterizada por un furor desmitificante,  y  por  someter  y  desmenuzar todo a un análisis exhaustivo, parece sin embargo ser el tiempo en que se sustentan la mayor cantidad de mitos. Pese a la caída de los grandes  relatos,  como  el  marxismo  o  la idea  de  progreso,  el  ideario  posmoderno  –fruto  de  la  relatividad  ética instaurada  por  la  supremacía  de  los medios de comunicación, y producto ejemplar  de  un  tiempo  sin  modelos globales-  paradójicamente  sostiene una abundante reinvención de mitos: “el de la eterna juventud, el de comer determinados alimentos que tienen la clave del bienestar, el de que no hay que perderse nada, el de la aceleración. Es el paso de los mitos de la espacialidad a los de la temporalidad” (Cao, José Luis.1998).

A su vez, las tecnologías no sólo no han desterrado los mitos de la humanidad; antes bien, han aportado nue- vas alegorías de la cultura tecnológica, dando lugar a una variedad de tecnomitos: el del hombre tecnológico y su rechazo del cuerpo en pos de habitar el espacio virtual, el de la metamorfosis  maquínica  en  la  búsqueda de la inmortalidad, el del hombre como herramienta de la tecnología, vale decir, el hombre convertido en la herramienta de su propia herramienta.

Del mito del fin de las ideologías al mito de la libertad -en un mundo de control  social-,  del  espiritualismo New Age a la preponderancia absoluta del hibridante “todo vale” ideológico-cultural, la posmodernidad parece pródiga  en  sostener  la  sentencia  de Roland Barthes: “todos somos descifradores,  creadores  y  consumidores de mitos”.

TEMPORALIDAD Y DURACIÓN

El hombre de las sociedades arcaicas, al imitar los actos ejemplares de sus dioses o héroes, o simplemente refiriendo sus aventuras, alcanzaba mágicamente el Gran Tiempo –el tiempo sagrado- desligándose del tiempo profano. El hombre moderno también se ha esforzado por salir de su historia y vivir un ritmo temporal diferente. Para Mircea Eliade (1961), el espectáculo y la lectura constituyen las dos vías de evasión del tiempo elegidas en la modernidad: “la lectura obtiene, más aún que el espectáculo, una ruptura de la duración  y,  a  la  vez,  una  salida  del tiempo  (...)  que  le  han  permitido  al hombre la ilusión de un dominio del tiempo en el que tenemos el derecho de sospechar un secreto deseo de sustracción  al  devenir  implacable  que lleva a la muerte”. Vale decir, en las sociedades tradicionales, el trabajo, la guerra, los oficios, el amor, se desenvolvían en un tiempo sagrado, porque reproducían modelos míticos. 
Al volver a vivir lo que los dioses habían vivido  en  el  Tiempo  primordial,  esas existencias  eran  ricas  en  significado. Pero con la desacralización del trabajo  en  la  modernidad,  el  hombre  se siente  prisionero  de  su  oficio,  por cuanto no puede ya escapar al Tiempo. “Es por eso que se esfuerza por salir del Tiempo en sus horas libres, de donde el número vertiginoso de distracciones inventadas por las civilizaciones    modernas”    (Eliade,    Mir- cea.1961)

La  posmodernidad  exacerbará  esa tendencia, de la mano de las tecnologías  y  los  medios  de  comunicación, que a su vez instaurarán el paradigma de la aceleración: realidades virtuales, comunicaciones instantáneas, vehículos vertiginosos. Corresponde a la era del deslizamiento, del zapping, de las primicias, de la histeria y el nerviosismo absoluto por abarcar el todo, por hacer y contemplar lo que crea, por consumir y producir hechos, tecnologías y signos.

Es en la posmodernidad donde se incrementan los mitos de la cantidad por sobre los de la cualidad: ocurre con el sexo, la comunicación, el conocimiento, las relaciones interpersonales,  el  entretenimiento,  los  intercambios, la información. A su vez, los mitos de la abundancia generan la ilusión de detener el tiempo: la acumulación  (de  bienes,  de  tecnología,  de signos) actúa como un simulacro de perpetuación  del  tiempo  presente, una argucia para diferir el futuro de manera eterna.

Saturno, el dios del tiempo huidizo, el más anciano de los dioses romanos, devoraba a sus hijos, simbolizando la necesidad  que  experimentó  el  hombre de todas las épocas de poner su vida a salvo del tiempo, que todo lo destruye y transforma en olvido. El mito  de  la  repetición  periódica  de  la Creación, con su certeza de un recomienzo  absoluto,  de  una  regeneración y renovación total, soslaya la recuperación  periódica  de  un  tiempo primordial. A su vez, el mito del paraíso perdido “sobrevive en las imágenes de  la  isla  paradisíaca  y  del  paisaje edénico: territorio privilegiado donde las  leyes  están  abolidas,  donde  el tiempo   se   detiene”   (Eliade,   Mircea.1961).

El vértigo y la ansiedad del hombre en  su  lucha  contra  el  tiempo  se  ha vuelto  una  cuestión  casi  patológica. Como afirma Jean Baudrillard, en éste siglo volvemos a ser milenaristas: queremos la perpetuidad inmediata de la existencia, exactamente como los medievales querían el paraíso en tiempo real,  el  Reino  de  Dios  en  la Tierra. “Efectivamente, se trata del establecimiento de una inmortalidad de la especie en tiempo real (...) queremos su realización  inmediata”  (Baudrillard, Jean.1979).

Los avances de la ingeniería genética y los trabajos sobre técnicas de clonación  han  reactualizado  los  presupuestos planteados en la Edad Media en torno a la inmortalidad y la resurrección de los cuerpos. El mito de la longevidad humana –los relatos bíblicos aluden a seres de edades descomunalmente prolongadas- ha cobrado un formidable impulso en el siglo XXI: volverse inmortal, aquí y ahora, volverse materia imperecedera. Diferir o perpetuar su existencia, detener todos los relojes, vencer al tiempo, diseñar la propia durabilidad. El hombre contemporáneo, en su afán por quebrar la homogeneidad del tiempo y salir de la duración, crea y recrea nuevos mitos, “como  el  mito  científico  de  que  el hombre  puede  contra  la  naturaleza. Podrá  contra  ciertas  manifestaciones de ella, pero no puede contra la naturaleza con mayúsculas que, en tanto azar, se le sustrae”(Cao, José Luis.1998)  .

La  plasmación  del  mito de Frankenstein –en el siglo XIX- como crítica a la omnipotencia científica y sus inéditos e insondables efectos, renueva permanentemente la carga de temor y ansiedad que habita en la imaginación colectiva, al reactualizar el tema de la imposición técnica sobre  el  hombre.  Puede  hallarse  en esto una cierta parábola con respecto a la moda actual de las cirugías estéticas: la idea de derrotar al tiempo y a la naturaleza, la actitud divina de modificar  a  voluntad  el  mandato  de  la Creación. “Somos libres –afirma Beatriz  Sarlo  (1994)  cada  vez  seremos más libres para diseñar nuestro propio cuerpo (...) Hoy la cirugía, mañana la genética,  vuelven  o  volverán  reales todos los sueños (...) Hoy la juventud es más prestigiosa que nunca, como conviene a culturas que han pasado por la desestabilización de los principios jerárquicos (...) Así, la juventud es un territorio en el que todos quieren vivir eternamente”.

En el Fausto, en las viejas leyendas hindúes acerca de yoguis capaces de alcanzar inconcebibles edades o acaso obtener la inmortalidad, en los textos  tradicionales  sobre  alquimia  -en donde la transmutación de la materia operaba idéntica conversión sobre la conciencia del experimentador, quien alcanzaba el estado de juventud eterna por medio de la piedra filosofal- en las  prácticas  de  ciertos  chamanes  a través del ascesis y la meditación, hasta la profusión actual de ciertas drogas o sustancias que actúan sobre determinadas células para diferir o retardar el envejecimiento, el mito de la eterna juventud ha logrado ocultar una situación de vacío existencial en relación con el futuro, al destino incierto y angustiante de la humanidad.

El tiempo que valora el paradigma de la posmodernidad es el presente, el aquí y ahora. Entre la urgencia por diferir el futuro y una cierta pérdida de  la  historicidad  –originada  por  la vorágine  de  la  información  y  los acontecimientos y la imposible adaptación  del  organismo  humano  a  las velocidades del nuevo sistema mundial- el hombre posmoderno es incapaz de procesar la historia misma, como así también de plantearse una espera  permanente,  inquieta,  de  un tiempo venidero liberado del mal, tal como el hombre medieval -inspirado en  el  Apocalipsis-  soñaba  con  que, después de las tribulaciones, comenzaría a vivir un lapso de paz. El hombre  contemporáneo  convive  sin  ese proyecto finalístico, porque han sido extinguidas  las  ‘obligaciones  hacia Dios’, y aun hacia el prójimo. “Ahistoricidad, velocidad y fallecimiento de la crítica. La experiencia del tiempo es la de un presente sin pasado ni futuro. Experiencia sin protección, es la llamada  esquizofrenia  del  hombre contemporáneo”(Jameson,  A  Frederic.1992).

De  ahí  el  mito  –posmoderno-  del fin de la historia, comprendida por los pensadores de la nueva era como el fin del proyecto moderno, es decir, de la historia entendida como portadora de un sentido en el que estaba embarcada toda la humanidad. La concepción posmoderna de la historia enfatiza  en  la  tolerancia  y  en  la  premisa fundamental de que su sentido no es universal ni direccional (Alppini Alfredo) .

A finales de los años ochenta, el mito  fue  retomado  –aunque  en  una concepción  totalmente  antagónica- por Francis Fukuyama en su polémico y publicitado libro “El fin de la historia y el último hombre”: allí, el autor sostenía  que  la  democracia  liberal constituiría “el punto final de la evoución ideológica de la humanidad” y la “forma final de gobierno”. Apólogo del capitalismo vigente –sus ideas surgen  en  el  seno  mismo  del  Departamento de Estado norteamericano- Fukuyama sostuvo que la historia ha llegado a su fin debido a que la democracia liberal, basada en la economía de mercado, ha probado ser la mejor solución al problema humano. La historia ha determinado ya que no existen  conflictos  ideológicos  a  la  vista, tras la caída del socialismo (Santacreu María José).
Representante del liberalismo y, por lo tanto, uno de los resabios  de  la  modernidad  burguesa,  el autor afirma que el surgimiento del último  hombre  –el  hombre  liberal- constituye el fin hacia el que se dirigen  todas  las  sociedades.  Este  hombre, al encontrarse satisfecho con su modo  de  vida,  no  tendría  causas  ni prejuicios por las que arriesgarse en lucha, su vida es “una vida de seguridad  física  y  abundancia  material” (Alppini Alfredo) .

Los  pensadores  posmodernos  han criticado  esta  concepción  unitaria  y direccional de la historia, reivindicando la existencia de múltiples sujetos y culturas  que  reclaman  sus  derechos, que habían sido reprimidos por la modernidad  occidental.  Por  otra  parte, en la visión escéptica de Jean Baudrillard (1994), la  historia “no tendrá fin puesto que sus restos –la Iglesia, el comunismo,  la  democracia,  las  etnias, los conflictos, las ideologías- son indefinidamente reciclables (...) Nada de lo que se creía superado por la historia  ha  desaparecido  realmente, todo está ahí, dispuesto a resurgir, todas las formas arcaicas y anacrónicas”.

ZONCERAS DEL NUEVO ORDEN

Si en las sociedades arcaicas los mitos eran modelos ejemplares y universales acerca de historias sagradas cuyos actos eran imitados por los hombres, en la Era de la Información aparecen como ideas que se nos presentan como verdades absolutas, verosímiles e incuestionables.

Hacia fines de los años setenta, el filósofo francés Jean-Francois Lyotard, en su crítica a la modernidad y a sus utopías y mitos –como la razón y la confianza  en  el  progreso-  proponía acabar con la Revolución por tratarse de  una  “idea  minúscula”.  Su  teoría contenía el germen de la idea de decadencia de los grandes relatos universales  y  absolutos  de  la  modernidad. Las ideas humanistas heredadas del siglo XIX y asociadas a la modernidad (Progreso, Razón, Revolución y Emancipación) parecían desvanecerse a instancias del nuevo mundo tecnologizado y fragmentado. La lógica positivista  y  cientificista  pasaba  a  ser cuestionada, y “la mayor parte de las presuposiciones  históricas  y  filosóficas que forjaron la ciencia social decimonónica, y en particular el marxismo, fueron acusadas de haber querido contarnos cosas muy interesantes que, en realidad, no eran viables (...) El problema no reside en el hecho de que el progreso o sus sustitutos con- temporáneos no sean buenos o dignos de  luchar  por  ellos:  simplemente  ya no  hay  cabida  para  ningún  tipo  de causa; el mundo material que hemos construido no les da cabida (...) En las sociedades plurales contemporáneas, la verdad y la razón no son sino quimeras” (Lopez Arellano, José.2000).

Como consecuencia de esto, cobra vida el mito posmoderno del fin de las ideologías, entendido como la decadencia de las ideologías totalizadoras y de los sistemas sociales estructurados alrededor de metalenguajes como Patria, Honor, Civismo, Familia y Progreso. En la sociedad posmoderna reina la indiferencia de masa, “ya ninguna ideología política –asegura Gilles Lipovetzky (1986) - es capaz de entu- siasmar a las masas, la sociedad posmoderna no tiene ni ídolo ni tabú, ni tan solo imagen gloriosa de sí misma, ningún  proyecto  histórico  movilizador, estamos ya regidos por el vacío, un vacío que no comporta, sin embargo, ni tragedia ni Apocalipsis”. En lugar de aquellas ideologías totalizantes y absolutas han surgido redes de comunidades  conectadas  por  identidades  propias,  con  intereses  miniaturizados, capaces de generar sus propias modalidades de expresión.

Pero aquella indiferencia laxa, inocua –a la que aludía Lipovetzky- parece funcional al orden capitalista imperante, a la ideología consumista ya que, como lo expresa el mismo autor, “el capitalismo encuentra en la indiferencia una condición ideal para su experimentación”.
Paradójicamente –o no- el liberalismo y la ciencia son los esquemas histórico-filosóficos del siglo XIX que todavía gozan de cierto prestigio dentro de la parafernalia ideológica posmoderna. Arturo Jauretche, poeta, escritor y periodista argentino, en su “Manual de Zonceras argentinas”, refería precisamente con el término zoncera –un vocablo más familiar en la América hispana que en la propia España, y que equivale a tontería, insulsez o falta de gracia y de viveza- a los “principios  introducidos  en  nuestra  formación intelectual con la apariencia de axiomas, para impedirnos pensar las cosas  por  la  simple  aplicación  del buen sentido (...) Basta detenerse un instante  en  su  análisis  para  que  la zoncera  resulte  obvia,  pero  ocurre que  lo  obvio  pasa  con  frecuencia inadvertido,  precisamente  por  serlo-” (Jauretche, Arturo. 1980).

En  el  mismo  sentido  jauretcheano aparece hoy el mito de la globalización, repetido de manera incuestionable, y que forma parte del paisaje posmoderno  y  constituye  el  sentido  común de la época. Hija dilecta de la ideología  del  fin  de  las  ideologías –acaso otra zoncera- la globalización constituye la “colonización del espacio mundial por las mitologías de los poderosos (Al aludir a mitologías en este  contexto  pensamos  en  aquellos discursos cerrados que son presentados como objetivos) (...) El pensamiento global, el pensamiento planetario, tal vez no sea más que una nueva metástasis del discurso de la racionalidad occidental,  empapado  de  presunta objetividad y etnocentrismo” (Llorensi Cerda, Francesc y Tenutto Marta Alicia.2000).  En  sí  misma,  la  ideología de la globalización tiene que ver con la sustitución de las fronteras geopolíticas por las del consumo tecnológico: el mito se refiere a la globalización económica como el único modo de mejorar la calidad de vida en los países  más  atrasados,  y  ha  sido  alimentado y amplificado con voracidad por un neoliberalismo triunfante tras la caída del socialismo hacia fines de los años ochenta.

Para algunos autores, la globalización es la ideología engendrada por el capitalismo  tardío  para  inmovilizar por  completo  cualquier  intento  de cambiar  la  sociedad,  neutralizando los  particularismos  –y  los  ideales emancipatorios que éstos contienen- en función de una falsa opción homogénea y universal. Esta ideología neoliberal pretende sostener la abolición del  Estado  mediante  la  totalización del mercado, a través de la misión de las corporaciones transnacionales, cada vez más interrelacionadas, opacas al público y ligadas, a su vez, a los Estados más poderosos. Desde ese punto de vista, la globalización es sinónimo de privatización global del Poder  (Rabadán Fernández, Eliseo).

Del seno de esta zoncera de la globalización  –emplazada  como  mito- han  surgido  otras  nuevas  que  reafirman  su  fundamento  ideológico:  una de ellas es la del advenimiento de la sociedad post-industrial. El argumento de esta zoncera es ocultar las verdaderas estrategias y objetivos de los poseedores del capital y del control de las  instituciones  políticas,  al  afirmar que  “vivimos  en  una  sociedad  del ocio donde la información y el saber son  lo  necesario  para  mantener  una estructura de servicios en la que la industria  como  motor  económico  ha dejado de ser fundamental” (Rabadán Fernández,  Eliseo).  Si  bien  es  cierto que en la nueva era se han originado evidentes  cambios  en  los  modos  de producción  a  raíz  de  la  revolución tecnológica  de  fines  de  siglo,  no  es menos  evidente  que  sigue  habiendo un tejido industrial que es factor clave del poder económico de Europa, Japón y los Estados Unidos. El mito es funcional  a  la  ideología  del  pensamiento hegemónico y a las premisas del neoliberalismo de las corporaciones multinacionales: capital especulativo, crecimiento sostenido y, por ende,  fortalecimiento  de  la  calidad  de vida de los países que tienen el control  hegemónico  de  las  empresas transnacionales,  dominantes  en  los mercados de los países periféricos.

Otra  de  las  zonceras  asociadas  a aquella de la globalización es la de la economía social de mercado, la que cobró  dimensión  a  lo  largo  de  los años  noventa  como  paradigma  de equilibrio y justicia: consistió en hacer  ver  a  la  opinión  pública  que  el mercado y sus gestores –las multinacionales- son los que proveerán el soporte material necesario para una sociedad efectivamente democrática, en la que la igualdad de oportunidades permita ejercer la libertad y la soberanía  individual  y  social.  La  estrategia del libre mercado ha hecho que los países centrales –en especial, Estados Unidos-  controlen  sus  productos  y vulneren los de los países competidores, y concentren sus esfuerzos en socavar  economías,  incorporar  nuevos activos y manipular con maniobras de intervenciones políticas o incluso militares.  Vale  decir,  otra  herramienta servil  a  la  hegemonía  corporativa USA.

Los gurúes neoliberales del mundo desarrollado  alimentan  el  mito  del progreso indefinido de la sociedad de la información. Este mito –por cierto también otra zoncera, hija de aquella de la sociedad post-industrial- induce a pensar que sólo sobrevivirá la Nueva  Economía  apoyada  en  el  manejo de transacciones de información, en detrimento de la producción real. En el  nuevo  modo  de  producción,  la fuente de productividad estriba, según Manuel Castells, en la tecnología de la  generación  de  conocimiento,  el procesamiento de la información y la comunicación  de  símbolos.  Pero  es indudable que mucho del envoltorio con  el  que  se  presentan  las  nuevas tecnologías  están  marcadas  a  fuego por las técnicas de marketing que se mezclan  con  el  nuevo  credo  de  los tecnofílicos  contemporáneos (Lomello, Adrián.2000).

Ya en su obra “La condición posmoderna”, Lyotard aseguraba que “todo saber que no pueda ser traducido en cantidades de información será dejado de lado”, y pronosticaba profundos cambios en la relación del sujeto con el saber: éste se producirá para ser vendido, se valorará en tanto producto a ser consumido y útil para una nueva producción; será un bien de cambio. Es decir, dejará de ser en sí mismo su propio fin para convertirse en mercancía informacional. Esta idea de mercantilización del saber ancla en la ideología neoliberal de mercado, y hace aparecer a ese saber útil como legitimado por su relación con el poder   (Moguillansky, Rodolfo.2003).

Por  último,  el  mito  de  la  libertad –en  un  mundo  de  control  social- constituye otra zoncera que desciende  del  mismo  árbol  genealógico  de las anteriores: si, en términos de Fukuyama, la democracia liberal constituía la solución final al problema humano y el grado más alto de libertad al que el hombre puede aspirar, esa democracia resulta hoy en día –en especial, en las naciones periféricas, pero también  en  la  mismísima  USA-  irónica- mente un eufemismo demasiado grotesco. Al fin de cuentas, “los nuevos tiempos  han  logrado  vulnerar,  como nunca antes, la privacidad y el secreto.  Paradójicamente,  el  mundo  libre nos mantiene vigilados, nos ha dado los instrumentos necesarios para que nosotros mismos, en la ilusión vanidosa de una soberanía y una libertad ampliamente   escogidas,   podamos participar de nuestro propio control y vigilancia”(Cocimano, Gabriel.2003)

La idea de una mundialización de la democracia liberal no parece ser el producto fukuyamesco de una evolución histórica, sino de “una epidemia de consenso, de una epidemia de valores  democráticos,  es  decir,  de  un efecto  viral,  de  un  efecto  de  moda triunfal. Si los valores democráticos se difunden tan bien, por capilaridad o por un efecto de vasos comunicantes, será que se han licuado, que ya no va- len nada. A lo largo de la modernidad han valido mucho, y se han pagado muy caro. Hoy en día están de saldo, y asistimos a una subasta de los valores democráticos que mucho se ase- meja a una especulación desenfrena- da”(Baudrillard, Jean.1994)



MITOS DE LA SOCIEDAD DE CONSUMO

La sociedad de consumo, como tal, está estructurada jerárquicamente, vale decir, construida desde el poder. La satisfacción de los deseos y las necesidades  individuales  hacia  las  que tiende  el  consumo  son  generadas  a través  de  una  lógica  piramidal,  una ética y estética propias de los sectores hegemónicos. Roland Barthes señalaba que todas las mitologías de la sociedad  de  consumo  se  construyen desde el poder para convertir lo histórico en natural. La sociedad de consumo  está  cimentada  en  un  inmenso proceso de producción de signos, que circulan con el fin de promover y generar  deseos,  necesidades  y  sueños. En el discurso publicitario se hace evidente  el  poder  de  la  ideología,  que impone visiones del mundo a través de mitologías que enmascaran las desigualdades existentes (Vicente Serrano, Pilar.1999).

El perpetuo tópico de la huida de lo cotidiano –y su consiguiente arquetipo, el mito del eterno retorno, el regreso a la naturaleza y la vida alejada del infierno urbano- entronca con un concepto de libertad que va unido al consumo: apela a viejos sentimientos recuperados de una tradición que mitifica una parte del pasado. Esta huida del tiempo profano para recuperar el tiempo primordial y que acentúa un Yo  individual  despreocupado  por  lo colectivo, tiene su explicación en el miedo a lo desconocido, lo inesperado y lo inestable que ha venido de la mano del mito del progreso.

La sociedad  de  consumo  parece  fértil  en  la producción de signos que generalizan deseos en torno a dicho mito: el discurso publicitario –que se construye a partir  del  conjunto  de  los  discursos sociales  de  cada  época-  ha  logrado hoy sacralizar e idolatrar lo material, el Objeto. Así, por ejemplo, los automóviles que pautan los avisos publicitarios ofrecen escapadas de fin de semana hacia el paraíso perdido, otorgan mayor virilidad, libertad o prestigio, y ofrecen las sensaciones que antes estaban reservadas a las personas: nos otorgan afectos, terapias, nos ayudan a superar las inseguridades y a exteriorizar los deseos más ocultos (Vicente Serrano, Pilar.1999).

A fin de cuentas, el discurso publicitario  solo  expresa  –indisociablemente del orden cultural, económico y político- cómo “el mito del regreso a  la  naturaleza  en  versión  burguesa forma parte esencial de las estrategias económicas del industrialismo”, y cómo “la mayor parte de las mitologías radicales  de  los  últimos  años  tienen como soporte el comportamiento de fuga  (...)  el  yo,  la  vida  cotidiana,  el placer, la autoconciencia, las costumbres folklóricas, el ocio, la estética, las modas,  las  minorías  marginales,  los exotismos”(Cueto, Juan.1982).

El  hombre  contemporáneo,  frente al vacío dejado en la cultura occidental por la decadencia de los sistemas religiosos, ha adherido –según George  Steiner-  a  mitologías  sustitutivas. Asimismo,  Gilles  Deleuze  afirmaba que ese mismo hombre produce personajes míticos frente a una religiosidad perdida y a la necesidad de aferrarse a una individuación rígida ante la confusión que produce la pérdida de  certezas  (religiosas,  científicas  y políticas). Aquellas mitologías sustitutivas también constituyen sistemas de creencias, cuerpos de pensamiento o conjuntos de imágenes emblemáticas, puesto  que  la  mente  posmoderna, aunque no esté habitada por ideas religiosas –o no lo esté en el grado que antes sí lo estaba- tiende a pensar con un  criterio  religioso. A  su  vez,  estas mitologías no serían tales en el universo de la posmodernidad al margen de un mundo mediatizado, compuesto por vastas autopistas de la información, una economía en red y la omnipresencia de los medios de comunicación.

Ejemplo paradigmático de estas mitologías sustitutivas es la denominada New Age (Nueva Era), un movimiento difuso, confuso y ecléctico –característica posmoderna si las hay- que toma la forma de un metarrelato planetario portador de vigorosas promesas de salvación, en medio de un mundo desencantado y desdivinizado. Heterogénea, con una mitología simbólica y una base de creencias comunes, la New Age se halla organizada horizontalmente,  sin  jerarquías  precisas,  en oposición a la verticalidad de las religiones  canónicas,  y  prueba  que  los discursos  legitimadores  y  los  relatos de salvación de ningún modo han desaparecido de la conciencia del hombre contemporáneo, acaso porque su existencia  no  sea  accidental,  sino consubstancial  a  la  misma  sociedad humana (Robredo   Zugasti, Eduardo.2000)

Pero este neoespiritualismo no surge de una misteriosa mutación ni de iluminadas  elucubraciones,  no  es neutral sino que aparece condicionado por las nuevas estructuras económicas  mundiales  de  la  sociedad  en red, y que constituyen de alguna manera al individuo-red que la habita. La New Age implica un relativismo –otra premisa posmoderna- que enlaza mística  y  ciencia,  y  suscita  el  auge  de nuevas terapias alternativas, espirituales  y  etno-médicas,  presentando  un ecléctico  atractivo  que  luce  irresistible para el habitante de esa sociedad interconectada. “Si existe una pulsión estética  –hipotetiza  Robredo  Zugasti (2000) - destinada a convertir el cuerpo en un objeto estético (dietas rigurosas,  intervenciones  traumáticas  sobre el cuerpo en forma de cirugías estéticas) así también puede existir, correspondiéndose con ella, una pulsión espiritual  destinada  al  autotrascendimiento  del  mismo  cuerpo  mediante técnicas diversas de ‘expansión de la conciencia’  (disciplinas  de  meditación, psicotecnias simbólicas y otras cirugías espirituales). Algunos han señalado la incidencia creciente de una bulimia  espiritual,  acaso  etiológicamente no muy alejada de la bulimia corporal, caracterizada por un consumo compulsivo de diversas formas de espiritualidad”.  Fusión,  profusión  y confusión  de  géneros  y  simbologías tendientes a exacerbar el rico y atractivo  mundo  de  consumo  del  individualismo posesivo: gusto por lo exótico, un verdadero menú de terapias y psicotecnias,  el  preciosismo  estético de los mandalas, gemas y piedras curativas, los chakras y los cuerpos sutiles del aura, las disciplinas yóguicas y la medicina ayurbédica, forman parte del inmenso y sincrético menú de este espiritualismo new look, ecléctico y a la carta, presto para el consumo aldente e ideado para mantener a toda costa  la  ilusión  de  independencia  y autonomía espiritual, regla eficaz del modelo consumista.
Una vez más, el discurso publicitario –pilar de la sociedad de consumo- muestra los cambios  en  las  mitologías  actuales,  que dan cuenta del final de lo uniforme y del gusto actual por lo barroco, complejo e impreciso, por lo ambivalente y lo contradictorio. Lo bueno y lo malo conviven juntos, igual que instinto y  tecnología,  velocidad  y  seguridad, inteligencia  y  corazón.  La  exageración y lo excéntrico se inscriben junto a lo pequeño, el minimalismo y lo fragmentario. Esta adhesión de la publicidad al relativismo –nunca han sido tantos los términos imprecisos, que implican al receptor para que los descifre a su antojo- contribuye a hacer fluctuar las grandes verdades (Vicente Serrano, Pilar. 1999).

Los  medios  masivos  y  la  industria cultural han contribuido a delinear los rasgos  míticos  de  ciertos  personajes –reales o ficticios- devenidos en modelos ejemplares y que encarnan los deseos y los sueños de toda una sociedad. Según Mircea Eliade, “el hombre sufre la influencia de toda una mitología difusa, que le propone  numerosos  modelos  para  imitar.  Los héroes, imaginarios o no, juegan un papel importante en la formación de  los  adolescentes  (...):  personajes de  novelas  de  aventuras,  héroes  de guerra, glorias del cine, etc.- Esta mitología no hace más que enriquecerse con la edad: se descubren alternativa- mente  modelos  ejemplares  lanzados por modas sucesivas y vemos cómo se esfuerzan en imitarlas”. Detrás de esta mitología difusa subyacen  los  arquetipos,  representados en “las nuevas versiones de Don Juan, del Héroe, del Amoroso desdichado, de  Cínico  o  del  Nihilista,  del  Poeta melancólico (...): todos estos modelos prolongan una mitología y su actualidad denuncia un comportamiento mitológico” (Eliade Mircea.1961).

Pero en la posmodernidad, los mitos o personajes míticos que encarnaban sueños colectivos o utopías solidarias  –Elvis  Presley,  Kennedy,  Evita, el Che Guevara, Superman, entre tantos otros- parecen ir dejando paso, a partir  de  los  dictados  del  consumismo, a la sacralización de los objetos, a su exaltación sublime: consecuencia del desencanto social, se tiende a idolatrar lo material y una visión del mundo que mitifica lo individual y los objetos por ser consumidos. La nueva publicidad  reproduce  los  discursos que privilegian a un individuo personalizado,  diferenciado  e  indiferente de los Otros. Nuevamente, esta ideología es funcional al statu quo: el exceso de énfasis en el individuo anula cualquier perspectiva solidaria. Ahora el conflicto que se plantea es individual,  ni  revolucionario  ni  colectivo, sino de cada cual consigo mismo, con un Yo que se muestra dividido y ambivalente: el nuevo héroe de las mil caras se debate entre opciones distintas, el actual Minotauro –hijo de la Medusa, mitad hombre, mitad toro- coherente  con  un  hombre  dividido,  no oculta sus contradicciones ni sus dudas (Vicente Serrano, Pilar.1999).

Los héroes mediáticos del pasado, como Superman o Batman, han mutado en héroes de nuevo cuño: Indiana Jones es doctor universitario y competente experto en arqueología, lo que encaja en la ética yuppie del performance eficaz. Instalados en esa nueva ética, estos héroes no utilizan armas de fuego ni ostentan poderosos músculos: Mickey Rourke aparece ante el teclado de su computadora entre sus juegos de sadismo light con Kim Basinger en Nueve Semanas y Media 35 (Guber,  Román.1992).  Rocky  metamorfosea en un desencarnado Matrix, Kennedy en Bill Gates y el hippie sesentista –amor y sexo libre- en yuppie, fanático de la computadora, un nerd sin vida sexual, antisocial, y con muy pocos lazos con la realidad.

Los dos grandes mitos políticos que la Argentina le legó al siglo XX, Evita y el Che Guevara –ambos encarnaron el ideal de justicia social en un continente que conoce la opresión y la desidia del poder hegemónico y de sus clases dirigentes- ya no son en la posmodernidad lo que fueron en la realidad  histórica.  Se  han  convertido  en “bienes de consumo, casi de degustación: el afiche con la cara del Che fue un bien de consumo que colgaba de las habitaciones de todos los progresistas  del  mundo. Eva  Perón  es  una imagen romántica asociada al tango.
El teatro, el cine, la televisión, los medios, son monstruos que necesitan alimentarse  constantemente  de  imágenes”  (Vincent,  Manuel.1997).  Hollywood, a su vez, ha contribuido a otorgarle al mito de Evita una proyección internacional al tiempo que, paralela- mente,  el  personaje  real  ha  perdido todo su sentido original.

En tanto, los productos audiovisuales de la sociedad de la información tienen  el  sello  posmoderno:  se  trata de productos difusos, eclécticos e intangibles  “que  poco  o  nada  tienen que  ver  con  los  tiempos  duros  del Quiz Show de Robert Redford. Estos relatos  fluidos,  vaporosos,  profundamente asépticos y bañados con el tamiz de la estética publicitaria, se alejan de los paradigmas narrativos clásicos que se agrupaban alrededor de las dicotomías  bien-mal,  amor-odio,  legalidad-injusticia  o  héroes-villanos, para adentrarse en una geografía convulsa en la que nada es lo que parece y  en  la  que  cualquier  evento  puede suceder porque todo es válido”(Gonzalez Zorrilla, Raúl).

En  la  sociedad  de  consumo,  los productos y las mercancías obedecen a la lógica de la velocidad de circulación, por lo que sus tiempos son breves y volátiles. Es probable, por tanto, que  los  mitos  y  personajes  míticos contemporáneos tengan una vida efímera: los vertiginosos cambios sociales  producen rápidamente sedimentos de la intensa vida cultural del hombre, y nuevos modelos ejemplares sobrevendrán a instalarse en el imaginario social. En tanto representen arquetipos míticos, esos modelos conformarán la estructura en la que el hombre canalizará  sus  sueños  colectivos,  ya que “el mito es un significante incompleto que los consumidores se encargan de llenar de sentido”(Lewin, Hugo.2000).

TECNOMITOS

La sociedad contemporánea ha ido creando y recreando -a la par del soberbio  desarrollo  tecnológico-  sus propios relatos y narraciones míticas, disfrazadas con los ropajes de las nuevas alegorías de la cultura tecnológica. La obsesión del cuerpo por convertirse en máquina aparece como tópico central en la cultura contemporánea:  del  doctor  Frankenstein  a  toda una nueva estirpe de monstruos, como Terminator y Robocop, surge “el deseo de deshacerse de la carne y habitar el espacio inmaterial de las comunicaciones  digitales.

El  anhelo  de escapar a la prisión orgánica tiene su origen  en  el  gnosticismo  del  siglo  II DC, que consideraba al cuerpo como un  cadáver  provisto  de  sentidos, así como en la tradición puritana del cris- tianismo victoriano. A estos antiguos miedos se ha sumado un renovado temor al cuerpo y la sexualidad, propio de    la era del sida”    (Yehya, Naief.1997). Jaron Lanier, en su optimismo  tecnológico,  afirmaba  su  deseo de “trascender los límites injustos del mundo físico, frustrantes y contrarios a la infinitud de la imaginación” y de “convertirse en máquina para no tener que morir”: el eterno tópico de la inmortalidad y la eternidad en su versión contemporánea cibernética.

El cuerpo maquínico es sin dudas uno  de  los  tecnomitos  de  la  cultura contemporánea, pues conjuga el deseo de eternidad, el de perfección (deseo  narcisista  y,  a  la  vez,  escópico) con la noción de carácter erótico, vale decir, el cuerpo inmortal convertido en máquina de placer. Hiperhedonismo producto del sex appeal de la tecnología pero también, sin dudas, de la convalidación del placer a causa del derrumbe de las grandes doctrinas religiosas y sus obligaciones hacia Dios.

Otro de los tecnomitos recurrentes parece ser aquel del hombre convertido  en  herramienta  de  la  tecnología. Un   cuento   de   William   Gibson, “Johnny Mnemonic”, retrata la historia  de  un  traficante  de  información, un depósito viviente de datos: no sólo vive en una sociedad hipertecnológica, sino que él mismo es un ser tecnológico. El protagonista es una enorme metáfora del ser humano actual: “Yo llevaba cientos de megabytes guardados en la cabeza, en una base informática del tipo idiota/sabio, a la que no  tenía  acceso  consciente”.  Johnny está en la cresta de la ola, maneja la mercancía más preciada: datos, pero al igual que el hombre actual, no tiene acceso a ellos.
El caudal de información es tal que escapa a las posibilidades del hombre: “Temas gigantes como  meteoritos,  noticias  de  imponente  verdad  quedan  sin  atender  y pasan  a  engrosar, peligrosamente, la bolsa  del  inconsciente  colectivo”. Johnny posee la información, pero no el conocimiento, superado por la avalancha vertiginosa de datos. La paradoja  es  que  el  hombre  contemporáneo  tiene  toda  la  información  al  alcance de su mano, pero no tiene forma de clasificarla más que apelando a un método empírico y arbitrario: como el hombre posmoderno, ha perdido la capacidad de encontrar una tabla de valores que le permita reelaborar la información y acceder al conocimiento. El hombre es un simple re- ceptáculo de la tecnología, una mera herramienta sin otro sentido más que contener  información: en  verdad,  se ha transformado en la herramienta de su herramienta ( Del Jonny.2002).

Optimistas o apocalípticas, las nuevas  mitologías  asociadas  al  fecundo desarrollo  tecnológico  están  inspiradas en los miedos, expectativas y temores que supura la actual sociedad de la información. Paul Virilio plantea el mito de la domesticación del cuerpo humano por la tecnología a través de  la  miniaturización  cibernética:  si antaño el desarrollo de la técnica se dirigía al horizonte terrestre y a la extensión geográfica en la era de las megamáquinas  (trenes,  vías  eléctricas, sistemas hidráulicos y viales), “lo que ahora se inicia es la época de los componentes mínimos (...) la intrusión intraorgánica de la técnica y sus micromáquinas  en  el  seno  de  lo  viviente (...) Luego de la revolución industrial, se inicia la ultimísima de las revoluciones, la de los trasplantes, el poder de alimentar el cuerpo vital con técnicas estimulantes, como si la física (la microfísica) se aprestara en lo sucesivo a hacer la competencia a la química de la nutrición y de los productos dopantes” (Virilios, Paul.1996).

La emergente cibersociedad planetaria ha planificado diversas teorías imbuidas de un optimismo  visceral,  tales  como  las ideas de Robert Jastrow y Hans Moravec  de  bajar  o  downlodear  mentes humanas  a  circuitos  integrados  y  la utopía  de  quienes  esperan  subir  o uplodear conciencias a la red, sin dudas  perneadas  de  tecnomisticismo  y de  un  anhelo  pueril  por  alcanzar  el paraíso del conocimiento absoluto, la inmortalidad y el sexo extracorporal a través de las líneas telefónicas (Yehya, Naief.1997).

Una infinidad de relatos fantásticos –que contienen diversas dosis de misterio y asombro inherente al hombre de todos los tiempos- han calado en forma de tecnomitos en el inconsciente colectivo del individuo contemporáneo. Relatos verosímiles que recorren los laberintos inciertos de la imaginación,  fábulas  que  saturan  la  red de redes y son recreadas, reformuladas  o  redefinidas  permanentemente por la infinidad de medios de comunicación y aprovechadas por la industria cultural.

En su novela “El mundo perdido”, Michael Crichton pone en boca de uno de sus personales el siguiente discurso: “Hemos perdido los mito antiguos. Orfeo y Eurídice, Perseo y Medusa. De modo que los hemos sustituido por tecnomitos actuales (...) Uno es que hay un alienígena vivo en un hangar de la base aérea de Wright-Patterson. Otro es que alguien inventó un carburador con un consumo de un litro por cada sesenta kilómetros, pero los fabricantes de automóviles  compraron  la  patente  y  la mantienen archivada. También está el cuento de que unos niños adiestrados por los rusos en técnicas de percepción extrasensorial en una base secreta  de  Siberia  son  capaces  de  matar con la mente a personas en cualquier lugar del mundo. O la fantasía de que las líneas de Nazca, en Perú, son un aeropuerto  para  naves  espaciales. Que la CIA propagó el virus del sida para  acabar  con  los  homosexuales (...) Que en Estambul existe un dibujo del siglo X que representa la Tierra vista desde el espacio. Que el Instituto de Investigaciones de Stanford encontró a un individuo que resplandece en la   oscuridad”   (González   Zorrilla, Raúl).

El individuo del tercer milenio, impotente ante la presencia de la Gran Trama comunicacional, económica y cultural,  parece  ver  en  el  hacker  al nuevo  héroe  de  la  cultura  digital, aquel capaz de desenmarañar la confusión que viaja a través de las redes informáticas, y cuya destreza consiste en poseer una lógica difusa a partir de la cual extraer conclusiones fiables. El pirata electrónico convertido en héroe contracultural, parece poseer la llave de un conocimiento vedado al hombre común, para de esta manera enfrentar  y  neutralizar  a  la  hegemonía del  sistema.
La  aparición  en  escena del  caso  Napster  –aunque  tiempo después de su surgimiento fuera sancionado  por  la  justicia-  jaquea  los principios de la economía neoliberal, porque comienza a destruirse la posibilidad de que la red sea parte de la nueva  economía,  donde  la  información  digital  también  sea  sometida  a las leyes del mercado. Este software, que permitía a los usuarios el acceso rápido y sencillo a miles de grabaciones en MP3, en forma gratuita y para uso personal, logró desafiar el orden establecido,  tal  como  lo  entrevió  su joven creador, e hizo realidad –al menos  por  un  instante-  algunos  de  los mitos construidos en torno a la red: el mito de la libertad de expresión, el de la libertad de mercado –intercambio gratuito,  por  lo  que  no  hay  transacción  comercial-  el  mito  de  la  abundancia de información y el de la de- mocratización de la información, vale decir, la libre disponibilidad de archivos en la red, lo que abre la posibilidad de una gran biblioteca global al servicio de todos los usuarios (Lomello, Adrián.2000).
El optimismo tecnofílico pronto se diluyó con la caída de Napster, pero la batalla por la gratuidad  la  siguen  librando  miles  de  héroes contraculturales en pos del triunfo definitivo y total.

Los  medios  de  comunicación  han creado   una   realidad   (electrónica) inundada de imágenes y de símbolos que provocan el desvanecimiento de cualquier realidad objetiva que se esconda detrás de ellos. Un mundo virtual en contraposición al mundo real, el mapa versus el territorio, para mencionar la fábula de Jorge Luis Borges. En una de sus teorías, Baudrillard afirma que vivimos precisamente dentro del mapa –lo virtual-, y no en el territorio  –lo  real-;  nuestro  mundo  está convirtiéndose en un mundo de simulación  que  genera  modelos  realistas que no son reales ni tienen orígenes en la realidad, y que en ese mundo ya no es posible distinguir lo imaginario de lo real, el signo de su referente, lo verdadero de lo falso (López Arellano, José.2000).  “La  virtualidad  es,  para muchos, el mapa que precede al territorio,  la  quintaesencia  de  la  simulación, la crisis de lo real, el accidente global que sustituye lo real por el simulacro operacional” (Jiménez Gatto, Fabian).
Aquel  mundo  de  simulación  conduce al mito de la disolución del sujeto tal como éste era concebido en la modernidad. En esta última, el sujeto vivía en el territorio, y se constituía en centro como actor social y conciencia autónoma.  Pero  en  el  sujeto  actual –habitante  del  mapa-  los  conceptos de  autonomía  y  voluntad  individual son impensables porque aquel ya no mantiene  ninguna  relación  objetiva –ni siquiera alienada- con su entorno. A partir de esta indiferenciación de lo virtual y de lo real, los hermanos Wachowsky apuntan en The Matrix –casi el correlato fílmico de la teoría de la simulación- al mito antedicho: “Has  vivido  dentro  de  un  mundo de sueños, Neo (...) La totalidad de tu vida ha transcurrido dentro del mapa, no del territorio” (Giménez Gatto, Fabián).

En la posmodernidad, ciertos mitos, como los de la temporalidad –la eterna juventud, el eterno retorno, los mitos de la abundancia para perpetuar el tiempo- se han reciclado y actualizado y, a su vez, han surgido nuevos metarrelatos  asociados  a  la  cultura tecnológica: el hombre en el espacio virtual, el de la metamorfosis del cuerpo en máquina, el de la aceleración. Los mitos de nuevo cuño aparecen ligados a la sociedad de consumo: los medios masivos y la industria cultural contribuyen a delinear rasgos míticos que devienen en modelos ejemplares y encarnan los deseos y los sueños de toda sociedad, se trate de personajes o de objetos de consumo. Todo un signo de época, en la que se sacraliza e idolatra lo material.

Es evidente que el hombre  actual  ha  experimentado  la necesidad de reactivar las creaciones míticas o de reinventarlas porque, como afirma Roland Barthes, “todos somos descifradores, creadores y consumidores de mitos”.

Escrito por  Gabriel Cocimano  


Basta: lo no dicho - chat

http://www.meebo.com/rooms

FeedBurner FeedCount