NO TODO ESTÁ PERDIDO

jueves, 17 de julio de 2008


¿No te has levantado algunos días con la sensación de que nadie te entiende, de que todo el mundo está loco y de que todo parece una grotesca conspiración en contra de tus valores e ideales?

¿No te parece, a veces, que tus planteos de vida, tus bases éticas y tus límites morales son vistos por los demás como tonterías utópicas y pasadas de moda?

¿No te da la sensación de que, en un comité, todos están de acuerdo con vos y te aplauden y te dicen que comparten tus opiniones y luego, a la hora de tomar partido, se borran y deciden hacer lo contrario?

¿No te has sentido más solo que la luna en muchas oportunidades cuando, al hablar de los horrores de la miseria, del hambre y de la obscena pobreza material en la que viven tantos prójimos próximos y tantos semejantes tan distintos, los que te rodean te escupen en la cara con tono presidencial aquello de: “pobres hubo y habrá siempre”, o “eso siempre existió con todos los gobierno”?

¡Cómo si vos estuvieras hablando de un gobierno, de este gobierno y no de una situación de injusticia generalizada que tiene que ver con toda una filosofía de gobiernos y no con tal o cuan plan económico puntual!

¿No te has sentido una mosca blanca cuando has preferido, antes que la condena por lo que parece ser tal o cual persona, tratar de desentrañar los por qué de tal o cual conducta y averiguar si realmente las cosas sucedieron de la manera en la que todos dicen?

¿Has tenido la espantosa sensación de que por defender el derecho a la vida te confunden con un asesino?

¿Has experimentado la horrible situación de tener que discutir con los fanáticos de la pena de muerte? Has llegado al momento en que, ya teóricamente comprobado el supuesto crimen del supuesto asesino o violador o lo que sea, vos, con el contexto de corrupciones, acomodos, burocracias y errores judiciales torpes y garrafales que ostentan toda administración de justicia y sobre todo aquí, te atreves a exponer el tema tímidamente diciendo: “pero…¿Y si todo es un error?” “pero, ¿Y si alguien, por cualquier motivo, quiere perjudicar a alguien o tapar a los verdaderos culpables o simplemente satisfacer el morbo de las masas o usar la condena como cortina de humo para disimular algún gran chanchullo?”

Y ahí te contestan con desprecio: “!Esas son novelerías, ves demasiado cine y televisión vos!” ¿No sentís que el mundo se te cae encima? ¿No sentís que Cristo murió al cohete, que tanta gente quemada en la hoguera por asegurar cosas que hoy son comunes y corrientes como que la sangre circula por las venas y que el mundo gira, no han sido suficientes para desterrar de la naturaleza humana la crueldad y la fiereza?

¿Has sentido la impotencia ante padres castigadores que muelen a palos a sus hijos? ¿Has tenido asco por aquellos que por imponer sus ideas ponen bombas que matan inocentes?

¿Has sentido, sientes y sentirás el peor de los rechazos por las patotas de cualquier tipo que pretenden silenciar por la fuerza a los que no piensan como ellos o simplemente al que molesta sus intereses económicos?

¿Te has desesperado por explicar que te gusta la guita y todos los placeres y seguridades que ella puede brindar, pero que ella en sí misma no es tu principal objetivo de vida y que no resignarías un solo sueño por un millón de dólares? ¿Has experimentado el dolor de la burla condescendiente, cuando no que te acusen de boludo o hipócrita por sostener esa actitud?

¿Te seguís desesperando ante la indiferencia de los que piensan con el bolsillo? ¿Te horrorizas por el olvido rápido de las atrocidades?

¿Te sentís capas de llorar por tantos amigos que se fueron mucho antes de tiempo por el SIDA y defenderlos del “Algo habrá hecho” de tanta gente ignorante, entupida y mal parida?

¿Si? Entonces, mi querido amigo, no todo está perdido. Todavía hay esperanzas. Aunque seas el único en tu cuadra que experimente todas esas sensaciones de fracaso, serás el único de la cuadra que ha triunfado. Yo creo que, en medio del ejército de zombies, estás vivo. Es peligrosísimo, pero maravilloso.

Enrique Pinti. (6 de noviembre de 1993)

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