Antropología de la libertad (Antropología - E Morín)

miércoles, 16 de enero de 2008
Una libertad es una posibilidad de elección. Una posibilidad de elección puede ser interior, es decir, subjetivamente o mentalmente posible; es una libertad de espíritu. Puede ser exterior, es decir, objetivamente o materialmente posible; es una libertad de acción.

Cuantos más sean los dominios que ofrecen posibilidades de elección, más, en cada dominio, las elecciones son numerosas y variadas, mayores son las posibilidades de libertades; cuanto más importante para su propia existencia es el tipo de elección posible, más elevado es el nivel de libertad (elección de medio de transporte, elección de profesión, de residencia, de vida)

A primera vista, nos parece evidente que el ser humano dispone, en condiciones favorables, de posibilidades de libertad. Sentimos subjetivamente nuestra libertad cada vez que tenemos la ocasión de elegir entre alternativas y tomar una decisión

A la inversa, toda consideración objetiva de nuestra condición parece reducir la libertad a una ilusión subjetiva; sufrimos las coacciones de nuestro medio natural al que debemos adaptarnos; estamos sometidos por nuestro patrimonio genético que produce y sustenta sin cesar nuestra anatomía, nuestra fisiología, nuestro cerebro y, por tanto, nuestra posibilidad de inteligencia y de consciencia; estamos sometidos por nuestra cultura que inscribe en nuestro espíritu, desde nuestro nacimiento, sus normas, tabúes, mitos, ideas, creencias, y estamos sujetos a nuestra sociedad que nos impone sus leyes , reglas y prohibiciones; estamos incluso poseídos por nuestras ideas que se adueñan de nosotros cuando creemos disponer de ellas.

De este modo, somos ecológicamente dependientes y estamos genética, social, cultural e intelectualmente sometidos. ¿Cómo podríamos disponer de libertades cuando estamos tan sometidos por todas partes?


La Libertad (Andrés Calamaro)

Creo que todos buscamos lo mismo
no sabemos muy bien que es ni donde está,
oímos hablar de la hermana mas hermosa
que se busca y no se puede encontrar.

La conocen los que la perdieron
los que la vieron de cerca,
irse muy lejos y los que la volvieron a encontrar
la conocen los presos, La libertad.

Algunos faloperos,
algunos con problemas de dinero,
porque se despiertan soñándola,
algunos que nacieron en el tiempo equivocado, la libertad

Todos los marginales del fin del mundo,
esclavos de alguna necesidad,
los que sueñan despiertos,
los que no pueden dormir, la libertad.

Algunos tristemente enamorados
pagando todavía el precio del amor
algunos que no pueden esperar,
y no aguantan más la necesidad.

Algunos cautivos de eso,
que no saben donde mirar,
tengo algunos hermanos
y una hermana muy hermosa, la libertad.

Igual que Norberto,
me pregunto muchas veces, ¿dónde está?
y no dejo de pensar, será solamente una palabra,
la hermana hermosa la libertad.



El vídeo contiene imágenes de la película "La Historia Oficial" (para aquellos que no la han visto, la misma narra la vida de un hijo de desaparecidos que fue apropiado por un militar) El vídeo fue cargado en You Tube por EMMAPEL2501

La caminata

jueves, 3 de enero de 2008

Cuando era niño comencé a buscarte y ese comienzo se volvió, en primera instancia, una búsqueda platónica, meramente del mundo de los sueños. Pero con el correr de los años se hizo terrenal, literal, por así decirlo. Fue entonces cuando decidí que para hallarte debía caminar, y empecé a hacerlo.

Así es como, caminando, un día te encontré. Sin decirte nada me miraste a los ojos, luego bajaste tu mirada recorriendo mi cuerpo. Al llegar a las rodillas te detuviste y retornaste tu mirada en ascenso nuevamente hasta mis ojos y dijiste. -¿Por qué te viste con esas ropas? –Sin entender bien a que te referías contesté:-Soy yo, mis ornamentas sólo me disfrazan, puedes verme bajo ellas y seguiré siendo yo, ahora tu. Eres tu a quien he estado buscando, ¿tu te has encontrado en mí? –y sin decir nada, se alejó.

Continué entonces mi camino, por momentos me detenía a dormir o comer, a veces tocaba la guitarra o escribía cuentos en mi cabeza. Otras miraba hacía atrás creyendo haberte encontrado y no haberte visto, otras pensaba que mi caminar se hizo muy sinuoso y tal vez desvié el camino. Sin embargo seguí. Con el tiempo las piernas me fueron creciendo, el cabello de igual forma; me nació barba y la mochila de libros se agrandaba aún más, pero no podía hallarte. De a ratos me desesperaba y preguntaba a la primera que pasaba, ¿Eres tú? ¿Eres tu a quién estoy buscando?, la mayoría de las veces ni me contestaban, otras me decían que sí y caminaban un os pasos conmigo, pero siempre tropezaban o se les cortaba el cordón o les parecía que había otros caminos.

No me amedrenté, aunque fui entristeciéndome. Habían pasado varios cortes de pelo, me había cambiado la ropa, afeitado la barba ya en muchas oportunidades, había visto tantos amaneceres, y acumulado tantos objetos, que el peso era demasiado, pero no quería dejar nada de ello. Hasta que te encontré. Me miraste también a los ojos, y sin decirme nada, bajaste tu mirada hasta mis pies, sin despegar tus ojos de ellos dijiste: -¿Por qué calzas eso en tus pies? –Sin entender que querías decir respondí- Soy yo, mis ornamentas sólo me disfrazan, puedes verme bajo ellas y seguiré siendo yo, ahora tu. Eres tu a quien he estado buscando, ¿tu te has encontrado en mí? –y sin decir nada, se alejó.

Me costó bastante volver a caminar, el peso se había incrementado demasiado, y aunque cabizbajo retomé la marcha deshaciéndome de objetos, caminando por otros lados, sorteando nuevos charcos sin mojarme, atravesando muros muy altos, y arrojando de las montañas todas las cosas que me estorbaban el paso. Y poco a poco fui parándome de nuevo, y retomando mi paso.

Canté nuevas canciones, leí nuevos libros, viví nuevas aventuras, tomé nuevos mates, pero ya no representaban una carga, pues a cada persona que encontraba en el camino le dejaba algo. Una poesía, un pensamiento, a veces le contaba un dolor o una experiencia, otras les cebaba mil mates o sólo los escuchaba. Fui tomando y dejando cosas, momentos, objetos, pasiones, dolores, en fin, los fui compartiendo. Entonces te encontré, no eras la primera, mucho menos la segunda, ni siquiera la tercera. Eras la de siempre, la que siempre busqué. Y, sin decirme nada, me miraste a los ojos y me dijiste: Eres tú al que he buscado, ¿tu te has encontrado en mí? –Un poco asombrado por la pregunta miré hacía los costados y le pregunté- ¿Dónde estamos?- En casa, siempre estuvimos en casa- dijo.

Germán Crudeli

12-08-07

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